17 noviembre, 2006

El primer reloj de la Catedral de Mérida

Augusto Federico Ruejs tomó rumbo al Puerto de Arenales para esperar, como de costumbre, la llegada del barco que traería la materia prima de su sustento. La jornada de trabajo prometía normalidad con unos cuantos baúles y equipajes, pero seis enormes y pesadas cajas provenientes de Hamburgo, con destino a la ciudad de Mérida, le hicieron fruncir el ceño.
­–Es mi trabajo, por algo soy el arriero– dijo con resignación.
Al día siguiente, 116 hombres al mando de Ruejs cargaron en hombros las seis cajas que ostentaban en sus costados las palabras “Juan Münch & Cia.”, entre otras, e iniciaron la larga travesía por el camino de Arenales. Este camino, llamado por Tulio Febres Cordero como “la vía del progreso” por haber entrado por allí la imprenta, el piano, gran cantidad de máquinas y objetos de arte, presentaba a los cargadores un trayecto sinuoso, empinado y fangoso.
Mientras, en Mérida los habitantes esperaban ansiosos la llegada de las cajas; incluso meses antes habían anunciado por la prensa el pronto arribo:

El reloj de la Catedral
Dentro de poco tiempo exhibirá la elegante torre de la Catedral su famoso reloj, debido a los esfuerzos del Sr. Bourgoin, y contribuciones de varios generosos merideños. A un paramento tan precioso viene anexa la utilidad pública.
El hacendado, el comerciante, el empleado público, el artesano, todo ser viviente que estando en sociedad, sepa estimar el tiempo para la economía del trabajo, tiene que fijarse en nuestro reloj público; luego á todos importa su conservación y fijeza.
(La Actualidad [Mérida], 11 de mayo de 1876).

El pesado y enojoso cargamento de Ruejs era entonces el primer reloj público para la ciudad de Mérida. La iniciativa de tal empresa fue del científico francés P. H. G. Bourgoin, notable habitante de la ciudad, quien emprendió la campaña entre la ciudadanía para la obtención de un reloj, consiguiendo para ello 800 pesos como contribución.
Ya con el reloj en la ciudad, Bourgoin se dedicó a la instalación del artefacto. Al principio se propuso la idea de instalar el reloj sobre la torre del Cuartel de Mérida, pero el avanzado deterioro de la estructura hizo obviar esta idea y se acordó colocar el reloj en la para entonces única torre de la Catedral. Para ello se contrató al relojero José Antonio Troconis y como ayudante a su sobrino Jorge Febres Cordero. Ellos tuvieron por sueldo no más de una libra esterlina al mes, que se las pagaba Bourgoin por cuenta de la Catedral. Fue ardua la tarea de instalación y, al fin, el 7 de julio de 1876 comenzó a agitar los brazos de sus agujas el gran reloj de pesas y numeración romana.
Para el acto de inauguración, Bourgoin tuvo la idea de nombrar a un grupo de personas que apadrinaran al reloj. Entre el grupo de padrinos se encontraba el presidente del estado, General Pedro Trejo Tapia. El 28 de junio de 1876, Trejo Tapia responde la solicitud de Bourgoin con una efusiva carta en la que dice, entre otras cosas:

El Gobierno sabe estimar el interes que Ud. ha tomado por la empresa que eleva en la empinada torre de Catedral ese reloj que no solamente marcará las divisiones, y subdivisiones del tiempo para utilidad de todos, y principalmente, para el orden económico de los trabajos públicos, sí que también será un grato recuerdo a la memoria del ciudadano francés PHG Bourgoin.
(La Actualidad [Mérida], 6 de julio de 1876).

Troconis y Febres Cordero desempeñaron el cargo de relojeros de la Catedral por un año, hasta 1877. Luego, Manuel Antonio Fernández y su hijo Antonio desempeñarían el cargo vacante devengando la asignación mensual de 20 bolívares. Ellos desinstalaron por primera vez el reloj entre 1901 y 1902, para labores de mantenimiento. Por ese trabajo de limpieza cobraron 170 Bs.
Y el tiempo fue pasando para el reloj de pesas. Terremotos, cambios políticos y sociales, hazañas y desvergüenzas presenciaba el vigía de cara redonda desde lo alto de la torre. En la década de los sesenta –del siglo XX– el viejo reloj dio paso a los avances de la ciencia y fue sustituido por un reloj electrónico y de numeración arábiga.Hoy el viejo reloj sueña desde su nuevo hogar con esplendores pasados. Acostado en el Museo Arquidiocesano, tal vez intenta mover sus brazos, como otrora.

(Amigos, la próxima semana estaré presentando un trabajo sobre Rafael Bolívar Coronado en la reunión de Asovac, que se celebrará en Cumaná. Por eso, estos saparapandeos estarán de receso. Cuídense y desde la tierra de Ramos Sucre les estaré recordando).

3 comentarios:

  1. Diego, amigo, gracias por esos datos.

    ¿Tienes alguna información en Internet o que me puedas mandar por correo de la fundación de la universidad de Mérida y la rebelión de los comuneros?

    Saludos y disculpa la molestia

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  2. Claro amigo. Este fin de semana te estaré enviando alguna información que he redactado hace algunos años sobre la historia de Mérida. Al apenas regresar a Puerto Ordaz me comunicaré contigo. Saludos desde la tierra de Andrés Eloy

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