22 agosto, 2016

Ender: el que sabe cuál profesión elegir

Imagen tomada de AQUÍ

La fama de Ender se ha desperdigado por el barrio y, además de la política, la inseguridad y las hazañas que hay que emprender para hacerse de algún alimento o producto de aseo personal, es de quien hablan en todas las casas y veredas de la zona. ¿El motivo?: es el único que antes de graduarse de bachiller ya sabe cuál carrera universitaria elegir.

A diferencia de sus compañeros de liceo, Ender no ha torturado a sus padres con las persistentes preguntas sobre cuál profesión sería la más adecuada y rentable (y el cariño de lo padres siempre entiende lo más adecuado como lo más rentable). Por ello en la casa de Ender jamás se ha oído conversación alguna acerca de la conveniencia de no estudiar Medicina por el miedo a la sangre y el poco espíritu de servicio. Nunca alguien frunció el entrecejo cuando mencionaban las dificultades de la Matemática y la consecuente ineptitud para la Ingeniería o la Administración. De ningún modo se atisbaba una pizca de preocupación por la sobreabundancia de abogados. En absoluto el temor del desempleo por Letras o Arte, o el optimismo por Cocina o Idiomas como posibilidad para asegurar un boleto que facilitara el azaroso exilio. Jamás de los jamases estas frases animaron alguna charla durante el almuerzo. Ninguna de ellas, comunes en cualquier familia con hijos que rondan los quince años, se han oído en la casa de Ender.

En el resto de los hogares venezolanos ocurre lo contrario. Recurrentemente la incertidumbre invade la tranquilidad de las familias cuando el muchacho, acongojado, levanta la mirada de su teléfono y pregunta: “¿qué voy a estudiar?”. Esa frase es el “¿de dónde vienen los niños” de la adolescencia pues la angustia y el titubeo de los padres no hacen esfuerzo alguno por aparecer: “No sé..., lo que quieras...”. “Pero ni se te ocurra agarrar una carrera de esas que te convertirá en un muerto de hambre”. “La próxima semana vamos al psicólogo”. Los números, aunque difamados de fríos e insuficientes, podrían mostrarnos esta cotidiana confusión familiar en el aumento de las consultas que se realizan a los orientadores vocacionales o en los índices de deserción o cambio de carreras.

Mucha de la culpa la tiene el bachillerato ("martirierato", le llamó Freud en una carta de 1873) y su terca desvinculación con la vida. El bachillerato no propicia la exploración por las inclinaciones profesionales. No fomenta ni consolida la ciudadanía (empeñada en una obligatoria formación premilitar, basada en el orden y el acato sin cuestionamiento). No enseña a domeñar los conflictos emocionales. No forma en el trabajo práctico y es por ello, cuando rara vez ocurre, que la felicidad invade el rostro por el trabajo hecho con las propias manos. Biología, Química, Física, Historia, Matemática, Lengua, Educación Física, Dibujo, Inglés, Filosofía, Arte e Instrucción Premilitar, entre otras del mismo pelaje, parecieran empeñarse en formar "googles andantes", concursantes de "Quién quiere ser millonario" prestos a soltar un dato de la jaula de la memoria, pero inútiles tanto en lo productivo como en lo social y lo emocional. ¿Qué sabe hacer un bachiller recién graduado? ¿Qué de lo aprendido en el liceo le servirá para vivir?

Ender ya sabe qué estudiar y, para tranquilidad de su familia y envidia de las familias del barrio, seleccionó sin vacilación sus opciones en la oferta del Sistema Nacional de Ingreso Universitario de la OPSU. Dentro de algunas semanas comenzarán sus clases y tal vez no tenga dinero para el pasaje, para las fotocopias o para el almuerzo, pero estará feliz. Ya esa es otra historia...

14 febrero, 2016

Historias detrás del son: Himno al amor.

Hace algunos años padecí la adictiva experiencia de la radio. "Cultura Sónica" se llamaba el programa que hacíamos varios profesores del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad Nacional Experimental de Guayana y en él, semanalmente y de una hora de duración, hablábamos de la cultura y de cómo ella podría ayudarnos a entender el mundo (y entendernos). Allí estuve a cargo de una sección llamada "Historias detrás del son" y aquí les traigo una muestra precisamente en ocasión del día del amor y la amistad.

Bien valen los recuerdos.

13 enero, 2016

El disparatado Sherlock Holmes de Enrique Jardiel Poncela


Pudiera entenderse el relato policial, con Auguste Dupin y Sherlock Holmes a modo de sus personajes representativos, como uno de los signos de la exaltación de la razón y el método científico que caracterizó el pensamiento de la segunda mitad del siglo XIX. Época del Positivismo como corriente filosófica dominante, en la cual la lógica, el método y la razón debían certificar todo enunciado que quería asumirse como verdadero, el detective de los relatos policiales fungía como representante de esta nueva era racional. Sin embargo, este fervor y optimismo por la ciencia comenzó a resquebrajarse a principios del siglo XX debido, entre muchas otras causas, a la influencia ejercida por las corrientes irracionalistas y el desdén y pesadumbre causados por las guerras mundiales. Así, comienzan a aparecer en la literatura parodias del detective, en la cual la sinrazón, la locura y el anticientificismo son predominantes. Una de esas parodias del detective es la realizada por el español Enrique Jardiel Poncela en Novísimas aventuras de Sherlock Holmes, de 1930, en la cual se centra la parodia en la patologización del detective, en la destrucción del paradigma indicial y en la deconstrucción del enigma. Esta propuesta de Jardiel Poncela se enmarca en una crítica al saber científico y a sus promesas de bienestar y desarrollo. El loco y delirante Sherlock Holmes de Jardiel Poncela es una manifestación del descrédito de la razón que años antes avizoraba Nietzsche.

Ya nada es elemental, mi querido Watson.

26 diciembre, 2015

El primer libro de cocina hecho en Venezuela


En la Venezuela colonial, la del siglo XVIII, era común la lectura de libros de cocina europea. De los primeros registros que se tienen, según las pesquisas realizadas por Ildefonso Leal (1978) en los documentos coloniales venezolanos, puede afirmarse que uno de los primeros libros gastronómicos que arriban a estas tierras es el Arte de cocina, pastelería y bizcochería y conservería, de Francisco Martínez Montiño, editado en Madrid en el año de 1611. Otro texto gastronómico del cual existe evidencia de su presencia en la Venezuela colonial es el Libro del arte de cocina, de Diego Granado, publicado en 1599. Además de los anteriores, el Nuevo arte de cocina sacado de la experiencia económica, de aproximadamente 1745; el Physiologie du goût, de Brillat-Savarin; El confitero moderno, de Maillet; el Manual de cocina española y americana, de Brecarelli, entre otros (Cartay, 1995: 288-289), nos hablan de una indiscutible presencia del libro de cocina en la Venezuela colonial que, a través de las copias manuscritas o el préstamo y la cesión testamentaria, formas comunes de distribución del libro en la época, pudieron haber alentado la difusión de los mismos entre un extenso público consumidor. Carlos Duarte, por su parte, señalando a los libros de cocina manuscritos como forma generalizada de difusión, nos recordará:

Muchos de los platos que se comían durante el período hispánico provenían de viejas recetas familiares que se fueron acumulando y perfeccionando, añadiendo ingredientes locales que le dieron a la cocina criolla un toque particular. Muchas personas se guiaban por las recetas de libros de cocina como el de Juan Altimiras, Nuevo Arte de Cocina, editado en Madrid en 1767, del cual figuraba un ejemplar en la biblioteca de don Juan de la Vega. (Duarte, 2001: Tomo II, 33).

En medio de ese incipiente pero para nada despreciable campo cultural del discurso gastronómico en la Venezuela colonial, surgen los que se conocen como los dos únicos proyectos editoriales de cocina hechos por venezolanos en el siglo XIX. El primero de ellos fue elaborado por José Antonio Díaz, como parte del libro que lleva por título Elagricultor venezolano o Lecciones de agricultura práctica nacional, editado en Caracas en 1861 por la Imprenta Nacional de M. de Briceño. En este libro de Díaz, cuya intención era la formación de la juventud caraqueña en la vida y quehaceres de la agricultura, se describe el cultivo y usos de plantas, la higiene campestre, la economía rural, consejos médicos, abono de suelos, clarificación de vinos, entre otros conocimientos rurales cuya enseñanza buscaba recuperar, según el decir de Díaz, la moral perdida de los campos:

Estos motivos me decidieron á aceptar el magisterio de la escuela proponiéndome no solamente descubrir á la juventud los tesoros de nuestro suelo y el modo de explotarlo para que mis alumnos á su vez hiciesen despues lo mismo sino dejar en nuestras lecciones un escrito que hiciese prosélitos al campo y si no para hoy para mas adelante restableciese la moral perdida por las continuas revueltas políticas que no han cesado de turbar el orden público por una larga serie de años (Díaz, 1861: III-IV. Se transcribe con la ortografía original).

Uno de los capítulos de este libro de Díaz lleva por título “Cocina campestre” y el mismo resulta ser un compendio de recetas de uso cotidiano en el campo venezolano, entre las cuales encontramos, en un discurso lleno de valoraciones sobre la economía, el gusto y su carácter saludable, a la olleta, el mondongo, morcillas, chorizos, carne frita, “ropa sucia”, hallacas, entre otros. Así, este texto es considerado, al decir de varios investigadores (Lovera, 1988 y Cartay, 1995) como uno de los primeros recetarios publicados en Venezuela.
Sin embargo, prefiero reservar ese privilegio a Cocina criolla o guía del ama de casa para disponer la comida diaria con prontitud y acierto, del escritor merideño Tulio Febres Cordero (1860-1938), quien publicó este texto en el año de 1899. En realidad este libro de Tulio Febres Cordero será el primero que se planifique y se imprima como un discurso culinario autónomo y con una plena intención de ser compuesto como libro gastronómico, a diferencia del texto de Díaz que, como ya dijimos, es parte de un libro cuya temática general es la formación para el quehacer rural.
Así, la literatura gastronómica nació en Mérida, en los Andes venezolanos, próxima a la alborada de un nuevo siglo.

Referencias Bibliográficas:

-Cartay, R. (1995) El pan nuestro de cada día. Crónica de la sensibilidad gastronómica venezolana. Caracas: Fundación Bigott.

-Díaz, J.A. (1861) El agricultor venezolano o Lecciones de agricultura práctica nacional. Caracas: Imprenta Nacional de M. de Briceño.

-Duarte, C. (2001) La vida cotidiana en Venezuela durante el período hispánico. (Dos tomos) Caracas: Fundación Cisneros.

-Febres Cordero, T. (1993) Cocina criolla o guía del ama de casa para disponer la comida diaria con prontitud y acierto. (6ta. Ed.). Mérida: Imprenta de Mérida.

-Leal, I. (1978) Libros y bibliotecas en Venezuela colonial (1633-1767). Caracas: Academia Nacional de la Historia.

-Lovera, J.R. (1988) Historia de la alimentación en Venezuela. Caracas: Monte Ávila.

13 diciembre, 2015

Seres de papel a cada vuelta de esquina


La literatura posee un poder tan pero tan grande que, en algunas ocasiones, crea personajes que logran salir de sus límites de ficción y terminan formando parte de nuestra trajinada realidad. Así, emocionados por la fuerza e intensidad de sus experiencias y acciones, terminamos creyendo que esos seres de la literatura son en realidad uno más de nosotros. Uno de ellos es Don Quijote de La Mancha, el viejo, flaco y alocado protagonista de la novela escrita por Miguel de Cervantes que fue publicada en el año de 1605. Convertida ya en un clásico de la literatura universal, esta novela relata las desventuras de Alonso Quijano quien, de tanto leer las viejas historias de caballerías, enloquece y se asume como un personaje guiado por los valores feudales del honor, la lealtad, la valentía y el ofrecer auxilio sin esperar nada a cambio. Alonso Quijano se cree Don Quijote de La Mancha, nombra a un fiel escudero, Sancho Panza, y va tras el auxilio de Dulcinea del Toboso, emprendiendo contra gigantes que los “cuerdos” ven como molinos de viento. Termina Alonso Quijano señalado como “loco” por responder a unos valores que no son propios de la individualista y egoísta edad Moderna.
“Don Quijote de La Mancha”, como toda obra clásica, logra aún conquistar lectores a lo largo de los siglos por su capacidad de ofrecer nuevas lecturas cada vez que abrimos sus páginas. Esta novela puede leerse como una obra de humor, de amor, de filosofía, de política, de aventuras, de economía, de historia y un largo etcétera que lo convierte en un maravilloso baúl de tesoros que no puede dejar de disfrutar ningún ser humano que crea en el poder de la palabra.
Una obra no solo llega a ser clásica por las múltiples interpretaciones que pueda ofrecer, como lo hace “Don Quijote”, sino que además alcanza este honroso calificativo por saber traducir los intrincados resortes que mueven a los seres humanos. Entender nuestra psiquis, comprender las motivaciones de nuestros ser y hacer, así sean imposibles e irrealizables, es una de las grandes cualidades de la literatura que se considera clásica.
Eso es lo que representa “Don Quijote de La Mancha” para la humanidad y por ello es un libro que nos acompañará por los siglos de los siglos.

12 diciembre, 2015

Regresar a Ítaca


Hay temas de la literatura que son universales, que no prestan atención a las fronteras de las geografías ni del tiempo, y terminan convirtiéndose en los grandes argumentos del arte en general. La guerra, el viaje, el amor, el poder y la muerte son algunos de ellos y quizás no por casualidad los dos primeros, la guerra y el viaje, hayan sido los que inauguraron la literatura occidental de la mano de Homero, pues fueron los temas que alimentaron la imaginería de la Antigüedad, época del asombro y el valor ante el inmenso mundo aún desconocido.
“La Ilíada” y “La Odisea”, las dos magnas obras de Homero, constituyen la base de la cultura griega y, mientras la primera nos sumerge en la exaltación del valor y la honra, en la segunda, en “La Odisea”, se desarrolla el tema del viaje y del regreso a casa. Odiseo, o llamado también Ulises en el término latino, emprende el viaje hacia Ítaca, lugar donde lo aguarda su esposa Penélope y su hijo Telémaco, a quienes no ve desde hace largo tiempo por los avatares de la guerra de Troya que lo mantuvo alejado durante diez años. El regreso de Odiseo a Ítaca, que duró otros diez años más, no resulta fácil pues a cada paso una serie de inconvenientes le impide estar al lado de su familia. Sirenas, gigantes de un solo ojo, hechiceras y un sinfín de aventuras harán del viaje de Odiseo una excitante historia que ha alimentado la imaginación y los sueños de la humanidad por varios siglos.
Al llegar a Ítaca le esperaba a Odiseo una nueva travesía y era el lograr resarcir la larga espera de Penélope y desarmar el complot de varios pretendientes para quedarse con su familia y su reino. La astucia de Odiseo tenía ante sí un nuevo reto.
Con “La Odisea” aprendemos que no hay mejor lección que el viaje pues, con el cambio de horizontes y el contacto con otras culturas, afianzamos nuestra identidad y logramos entender que el mundo, ancho y ajeno, es un lugar donde todo puede ser posible.
“La Odisea” es uno de esos libros imprescindibles que no debemos dejar de leer y que nos invita a un viaje cuya emoción y aventura no nos dejarán defraudados.

09 diciembre, 2015

Nadie se roba los columpios


Esta edición de los mejores relatos de Fabio Morábito, antecedida por un prefacio del laureado poeta venezolano Eugenio Montejo, es un festín de palabras justas, calibradas según el buen oficio del decir, y representa además un manjar para la vista debido a la hermosa y cuidada labor editorial de Bid&Co.
Doce cuentos magistrales componen este libro de Fabio Morábito, nacido en Alejandría, de padres italianos y radicado desde muy joven en México, quien se ha convertido ya en un escritor de referencia de la literatura hispanoamericana con su variada producción poética, narrativa, ensayística, infantil y de traducción que alcanza la veintena de libros y han sido traducidos al alemán, inglés, italiano, francés y portugués.
Algunos de los cuentos de la edición, como “La cigala”, “Los crucigramas” o “Mi padre”, deben considerarse ya como parte de la mejor literatura de nuestro continente, cuentos en los cuales los adjetivos y las frases precisas nos recuerdan que la realidad está hecha también de incertidumbres. La locura, el desasosiego, la sinrazón, la maravilla que se esconden detrás de la razón y la lógica de lo cotidiano, son el leit motiv de la obra narrativa de Fabio Morábito, quien con sus cuentos logra mostrarnos los pliegues de la realidad por donde podemos atisbar el reverso del mundo.
Al mejor estilo de Kakfa, Cortázar o Salvador Garmendia, los cuentos de Fabio Morábito seleccionados para esta edición, y que provienen de los libros “La lenta furia (1989), “La vida ordenada” (2000) y “Grieta de fatiga” (2006), son la mejor manera de entender nuestra realidad a través de la litertura más reciente y sorprendernos así de nosotros mismos. 
Eugenio Montejo, en el prefacio del libro, conjetura la posibilidad de que el propio autor resulte impresionado al ver el resultado de su creación: “Quizás Morábito pertenezca a esa rara estirpe de narradores que suelen escribir una historia para indagar cómo finalmente han ocurrido las cosas. Llegamos a creer que no pocas veces termine por ser el primer sorprendido”.
Les aseguro que estas 117 páginas de “Nadie se roba los columpios” nos contagiará irremediablemente de ese asombro.