13 enero, 2016

El disparatado Sherlock Holmes de Enrique Jardiel Poncela


Pudiera entenderse el relato policial, con Auguste Dupin y Sherlock Holmes a modo de sus personajes representativos, como uno de los signos de la exaltación de la razón y el método científico que caracterizó el pensamiento de la segunda mitad del siglo XIX. Época del Positivismo como corriente filosófica dominante, en la cual la lógica, el método y la razón debían certificar todo enunciado que quería asumirse como verdadero, el detective de los relatos policiales fungía como representante de esta nueva era racional. Sin embargo, este fervor y optimismo por la ciencia comenzó a resquebrajarse a principios del siglo XX debido, entre muchas otras causas, a la influencia ejercida por las corrientes irracionalistas y el desdén y pesadumbre causados por las guerras mundiales. Así, comienzan a aparecer en la literatura parodias del detective, en la cual la sinrazón, la locura y el anticientificismo son predominantes. Una de esas parodias del detective es la realizada por el español Enrique Jardiel Poncela en Novísimas aventuras de Sherlock Holmes, de 1930, en la cual se centra la parodia en la patologización del detective, en la destrucción del paradigma indicial y en la deconstrucción del enigma. Esta propuesta de Jardiel Poncela se enmarca en una crítica al saber científico y a sus promesas de bienestar y desarrollo. El loco y delirante Sherlock Holmes de Jardiel Poncela es una manifestación del descrédito de la razón que años antes avizoraba Nietzsche.

Ya nada es elemental, mi querido Watson.

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