15 diciembre, 2006

¿Existe el error ortográfico?

Esta pregunta quizás haya alterado su tranquilidad, sobre todo cuando a muchos de nosotros nos ha costado con sangre, sudor y lágrimas seguir a pie juntillas las machaconas reglas de la Real Academia Española. ¿No recuerdan ustedes las largas horas de suplicio y de reprimendas que nuestra maestra nos infligía para que no escribiéramos más «agua» con «h»? ¿Recuerdan la torturante frase: «estos muchachos no cometen errores sino horrores ortográficos»? ¿Entonces tanto sufrimiento y vergüenza para que nos vengan ahora a decir que el error ortográfico no existe?
Hace varios años surgió una polémica, supuestamente iniciada por Gabriel García Márquez, la cual alentaba la eliminación de la ortografía. Así, la libertad total y la comodidad expresiva eran los argumentos para escribir. Nos podíamos olvidar de la «h», utilizar la letra «k» para sustituir las palabras con «c» y «q», a no prestarle atención a los acentos. Esta propuesta de un lenguaje sin reglas, sin embargo, no era nada novedosa. En la época de las vanguardias artísticas, principios del siglo XX, ya los creadores abogaban por un nuevo lenguaje que pudiera expresar ese sentir que venía en la innovación científica y cultural. Más atrás, en la época de la independencia hispanoamericana, algunos grupos «radicales» hicieron la propuesta de independizarnos de España no sólo en lo político, social y cultural, sino además en el lenguaje, y como se estaba fundando un nuevo mundo era necesario crear un lenguaje para darnos identidad propia.
Así, hablar de la existencia o no del error ortográfico, de la eliminación de toda regla o hasta de la creación de nuevos lenguajes, viene a ser más una toma de conciencia del usuario ante su habla: unos adoptan la posición del «creador», quien moldea su composición con libertad y no cree en reglas «que pulen y dan esplendor», y piensa que el error existe cuando la academia se entromete en la natural relación del hablante con su lengua; y otros del «celador», quien vigila el uso correcto del lenguaje y en ello se le va la vida. ¿Y usted, es creador o celador?

5 comentarios:

  1. Jaja, yo antes solía ser de los "celadores" y de hecho aun me considero más de ese extremo... pero creo que toda la importancia del asunto radica en el equilibrio de ambas partes.
    : ) Yo a veces me imagino la literatura sin ese orden, sin esa "belleza ortográfica", y de verdad me da terror jeje.

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  2. Soy de los que no le importa como se escriba, si no lo que se expresa. en mi blog he sido muy criticado por eso, las personas se ponen a criticar la manera como escribo en vez de ver las ideas. Quizas debido a que es mas facil.
    Para mañana voy a poner algo de eso en mi blog y tomare como base este post. Pero tengo otras ideas sobre eso. Si mañana me lees te daras cuenta cual es mi posicion real ante eso, no es tan simple de ser celador, es ser creador y punto.

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  3. Gracias Breaker y Luis. Este es un tema polémico que trata de poner el énfasis en el viejo dilema de la forma y el contenido. Fue el mismo García Máruqez, creo, el que dijo que una buena literatura se distingue principalmente por su forma. Para otros, como tú Luis, no importa como venga vestida la idea siempre y cuando ésta sea buena. Recordemos también la frase aquella de José Martí que dice: "La lengua es el jinete del pensamiento, no su caballo". Un tema que da para hablar...

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  4. noké vayo soikreadory komotalno tengo porkezometermea tanfazt idiozazreglas deortografiake unicayna damazzirbenpara oztinarlelabidaa lajente ysobretodoa lozkreadores yoapo lloagarciamar kezpormi quejuvilena laortografia ysea cavetodoezeroyo que notie neni pienicavezani nada avajolaortografiai bivan loskreadoresque porsiertoen este pais aimuchozpor sentimetrocuadrado
    zaludozpues

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  5. Jajaja esa es la posición Roger, absoluto creador, tu nos das el mejor ejemplo. Creo en la maravilla de la creatividad, pero ojo, que sirva para entendernos, obstinante y todo esas reglas pero por algo están y para algo nos sirve.

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