18 marzo, 2007

La nanoliteratura

La tecnología está empeñada en desaparecer los objetos que pueblan nuestra cotidianidad. Antes, una computadora necesitaba un espacio físico equivalente al de un campo de futbol para conectar y encender su arsenal de cables y luces; ahora, podemos llevar un microordenador en nuestro bolsillo.
Recuerdo que en mi sexto grado usaba un reloj grande, de esos que mis compañeros llamaban en son de burla "caja de mentol". Por lo visto ya a tan temprana edad estaba fuera de moda por no usar los delgados modelos japoneses de la Casio, de esos que traían la novedad de ser "digitales". También del gran círculo negro de los LP pasamos a los circulitos plateados de los miniCD. Los objetos han sufrido una exagerada pérdida de corporeidad, como si a fin de cuentas Platón hubiese tenido razón y la realidad, cascarón sin importancia, sea una simple sombra de la verdad. Quizás llegue el momento en que nuestra existencia pase en la completa desnudez, en medio de un blanco y solitario salón, pues como todo llegará a su mínima expresión, nos despojaremos entonces de todo cuanto llevamos encima. Quizás, en ese futuro no tan lejano, la realidad se haga en nuestra mente. Ni la música ha logrado burlar esta realidad anoréxica que todo lo disuelve, como lo comenta Apocalypso Facto.
La literatura no escapa a este delirio. Sería una osadía anacrónica encontrarse en estos días con un poema con la extensión de "Elegías de varones Ilustres de Indias", de Juan de Castellanos, poema de mayor extensión escrito en lengua española, y quizás del mundo occidental, con 113.609 versos. Y ni qué hablar de las novelas. Pareciera que pasar de las 300 páginas se considera ya un irrespeto a estos tiempos de cambio vertiginoso y velocidad sin límite.
Ahora lo que está de moda es el aforismo, el cuento breve, el relato para "ser leído en el metro". Este siglo XXI, estoy seguro de ello, nos obligará a ir hacia la "nanoliteratura", mínima expresión de significado contentiva de placer estético. La pasión de la Ilíada en una palabra, la aventura del Quijote en un verbo.
¿Cuál será esa palabra única que contenga el placer de toda la ficción?

4 comentarios:

  1. Bueno, lo que soy yo no me pondría bravo si sale algo como: Bakunin en tres oraciones. O El Capital en tres versículos (a éste último le daría gracias a Dios!)

    Pero sí, tienes razón. De hecho en una de las últimas ferias del libro me topé con un stand donde estaban los libros más pequeños del mundo (en contenido y en tamaño)

    Gran saludo.

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  2. Diego! en si no voy a comentarte lo de nanotecnologia, mas bien paso a saludarte, es tu primo Pedro, el calvo de la foto jajajaja.

    Que bueno que te pasaste por mi blog, apenas ando escribiendo y no estaba muy familiarizado con esto del blogspot, espero que te des unas vueltas seguidas para que vayas viendo como desarrollamos todo, yo derrepente entro a leer lo que escribes!

    Saludos primo! un fuerte abrazo.

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  3. He escuchado que una de las cosas más complicadas es decir o tratar de expresar los sentimientos, ideas... con pocas palabras, de la manera más simple, pero sin dejar a un lado la estética y la sugestividad literaria. Aunque creo que el tamaño de un escrito no es un criterio válido para decir si es bueno o no, pues, lo principal para mi es el contenido, la intimidad que se logra entre lo que se plasma en una hoja en blanco y el lector. Ahora, con respecto a su pregunta, pienso que no podría existir una única palabra que equivalga a todas, que englobe tanto el placer como el sufrimiento; y si se tiene que decir alguna cada quien tendría una propia, no se llegaría a un consenso. La mía sería MAGIA.

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  4. ... y los post de los blogs no deben tener más extensión que la que tiene éste. En general parece una simplificación de las cosas, minimalismo colado jeje. Saludos ^^

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