23 diciembre, 2008

Los libros y el amor según Don Luis Zambrano

No hay libro malo, porque siquiera un libro malo sirve de comparación o de referencia para saber que hay libros buenos, de manera que hasta el libro malo de algo sirve. Pero uno tiene que leerlo para saber que es malo. Yo me he preocupado por leer lo que presta utilidad y a lo que se le puede sacar partido.
El libro que más me gusta es el de la vida. El libro de la vida se lee solo. No hay sino que tomarlo en cuenta. Ahora me cuesta mucho leerlo. Yo veo más sin ellos. Leo un poco y me arden los ojos, entonces no aguanto. A veces mi hija me lee mientras yo observo.
Me gustaba leer algo de historia y casi siempre de mecánica. La mecánica era lo que más leía. Algo de aritmética. Estaba pendiente de los números, me gustaban. No es que yo me adelanté tanto, pero sí, me gustaban.
El libro de la vida no es para el que no sepa leer sino para el que alcance a leerlo. Para leerlo solo hay que vivir y no se puede leer la página de mañana, no más leemos la de hoy, pero podemos tratar de releer la de ayer. Pero la de mañana no. Así, usted puede leer el libro de toda una época pero no el de toda una vida.

-o-

Yo me di cuenta de que el hombre sin mujer no vale nada. Al lado de la mujer vale por once, porque uno y uno son once. En cambio uno no vale sino uno y al lado de ella, que vale diez, se completan los once.

Tomado de: Planchart Licea, Eduardo (2007) Luis Zambrano: tecnólogo popular. Mérida: ULA.

Somos lo que leemos

19 diciembre, 2008

Palabra, canto y poesía

Preguntar qué es la literatura y cuál es su naturaleza es interrogante obligada en cualquiera de los cursos de Introducción a la Literatura o de Teoría Literaria. Esta reflexión comúnmente viene acompañada de la revisión de la extensa y considerable cantidad de investigadores, desde la Antigüedad hasta nuestros días, que han intentado llegar a una definición de literatura que logre abarcar todas las posibles manifestaciones de ese arte.

El libro Palabra, canto y poesía. Orígenes de la Nueva Canción Latinoamericana: oralidad y difusión poética, escrito por José Antequera y publicado por el Fondo Editorial IPASME en el año 2008, se inserta en el corpus de obras de teoría latinoamericana que intenta indagar sobre la noción de literatura y de comprender los resortes ocultos que la mueven.

Para iniciar su labor, Antequera ubica sus puntos de vista en la Teoría Culturalista que abandona toda suposición inmanente y trascendentalista de la obra literaria, entendiéndola más como un producto cultural que pertenece a un contexto social y temporal determinados. Visto así, la literatura es entonces configurada por las concepciones, ideologías, intereses y afanes de las comunidades y no categoría restringida por academias y eruditos.

Si partimos de esa visión integradora y entendemos que todos somos parte de la cultura, la concepción clásica de literatura así como la de bellas artes se fragmenta, colapsa, y se entra de lleno en una crisis de fundamentos y conceptos. Ya la “literatura” no será lo que ha sido y en su corpus comienzan a incluirse los legados poéticos indígenas, las tradiciones populares, los refranes, los chistes, las novelas rosa y las de vaqueros, entre otras manifestaciones culturales. La condición de texto escrito como fundamento de la literatura desaparece y da paso a nuevas categorías fundadas en la función estética de la obra.

José Antequera propone en ese mismo sentido ensanchar la concepción de lo literario al incluir las canciones como manifestaciones culturales de las sociedades que ven la oralidad, a la par de la escritura, como un vehículo más de expresión poética. Así, Antequera realiza en su libro un enjundioso análisis de la Nueva Canción Latinoamericana y de sus máximos representantes (Víctor Jara, Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Alí Primera, Silvio Rodríguez, entre otros) y logra ampliar los horizontes de la literatura, incluyendo nuevos circuitos de producción (discos, cd) y nuevos circuitos de recepción (radios, conciertos) del hecho literario. En este novedoso libro, Antequera propone el estudio del movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana como parte integrante de la vanguardia literaria hispanoamericana de la década de los sesenta, afirmando entonces, más como exigencia que como sugerencia, que: “la literatura hispanoamericana ganaría espesor y profundidad si en adelante se incluyera en manuales e historias literarias lo más selecto de la canción popular” (Pág. 88).

Así, José Antequera abre una polémica que no debe pasar inadvertida en las escuelas de Letras del país: frente a una realidad que ha problematizado la noción de autor, obra e historia, los estudios literarios insisten en una perspectiva obsoleta e infértil. Es hora ya de pensar acerca de lo que un Licenciado en Letras debe estudiar: saber que existe una novela llamada Doña Bárbara, escrita por Rómulo Gallegos, o entender los procesos culturales que dan vida y significado a esa obra.

Este libro de Antequera es una muestra de lo que las escuelas de Letras del país deberían estar haciendo en estos nuevos tiempos.

13 diciembre, 2008

Palabra de Urbe


Quiero iniciar estas breves palabras acerca del libro de Roger Vilain con una confesión proferida a quemarropa: esto que ven aquí, esto que dice “Roger Vilain. Palabra de urbe. Ensayos mínimos de filosofía cotidiana, editado por el Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes en el año 2008”, no es un libro. Es en realidad un envase que contiene un exfoliante y crema antiarrugas que rejuvenece hasta al más entrado en años. Si no lo consiguen en la librería Latina o en Tecniciencia, de seguro lo hallarán en un Farmatodo en medio de frascos de crema Ponds.

¿Por qué les digo esto? Porque el libro de Roger Vilain, Palabra de Urbe, nos cambia el alma y la mirada, hace que observemos la realidad con ojos de asombro y, cual adanes en el paraíso, nos impele a ir por el mundo nombrando nuevamente las cosas, como si las estuviéramos viendo por primera vez.

Roger Vilain nos muestra un mundo visto con ojos de niño, con ojos, nada inocentes, que nos hablan de gatos, de gavetas, de barberías, de zapatos, de mariachis, de perros, de vagabundos, nos habla sobre el fumar, sobre el mascar chicle, sobre el carnaval, sobre el teléfono celular, sobre la compañía de electricidad, sobre diversas cosas, personas, instituciones y sitios que, a simple vista, quizás nada tengan de filosófico ni literario, pero Vilain los hace motivo de reflexión agradable y profunda.

Para mí que Vilain siguió el consejo de Manuel García Morente, aquel filósofo español quien en la década de los cuarenta dictó unas conferencias en Argentina y en una de ellas dijo lo siguiente:

Para abordar la filosofía, para entrar en el territorio de la filosofía, una primera disposición de ánimo es absolutamente indispensable. Es absolutamente indispensable que el aspirante a filósofo se haga bien cargo de llevar a su estado una disposición infantil. El que quiere ser filósofo necesitará puerilizarse, infantilizarse, hacerse como el niño pequeño”. (García Morente, Manuel, Lecciones preliminares de filosofía, Argentina, Losada, 1973).

Roger Vilain, en Palabra de Urbe, es eso: un niño filósofo que hasta en el mascar chicle ve un acto para la reflexión y la discusión. Si Santa Teresa había dicho que Dios se encuentra hasta en las ollas de la cocina, Roger no se queda atrás y nos dice que en lo más sencillo y cotidiano podemos hallar la sabiduría. Él mismo confiesa su estrategia cuando dice, en la página 29 de su libro, lo siguiente:

A veces, si uno hace el esfuerzo, se percata de otras cosas. Yo, por ejemplo, salgo a la calle y me doy cuenta de pequeños accidentes, de cuestiones que pasan desapercibidas, de pliegues ínfimos que a la mayoría mantienen sin cuidado. (“Lo que dicen los pies”).

Eso es lo que hace Vilain a lo largo de 164 deliciosas páginas, las cuales recomiendo sobremanera. Gracias Roger Vilain por brindarnos unas horas gratas con tu libro y gracias también por enaltecer la producción intelectual de la Universidad Nacional Experimental de Guayana.

18 agosto, 2008

Un libro en el lugar equivocado


Esta tarde, entre los anaqueles de una librería, la intriga me invadió al hallar un libro en un lugar equivocado: encontré la "Metafísica" de Aristóteles en la sección de autoayuda. Ese hecho -en apariencia inocente y superficial- había iniciado en mí una larga reflexión. Cual Auguste Dupin en busca de la carta robada, comencé a buscar las posibles causas del incidente: ¿Un empleado de librería al que le gusta leer poco y que relacionó la "Metafísica" de Aristóteles con la de Conny Méndez? ¿Un simple problema de espacio que hizo compartir anaquel a "El caballero de la armadura oxidada", "El buho que no podía ulular" con el estagirita?

Inmediatamente evoqué una frase de Iuri Lotman que me costó entender tanto en mis estudios de postgrado. Lotman, el reconocido semiótico de la cultura, habría afirmado en un artículo titulado "El texto y la estructura del auditorio", de 1977, lo siguiente:

"Es evidente que, cuando no coinciden los códigos del remitente y el destinatario (y la coincidencia de éstos sólo es posible como suposición teórica, nunca realizable a plenitud absoluta en el trato práctico), el texto del comunicado se deforma en el proceso de su desciframiento por el receptor".

Si, según Lotman, todo texto es irremediablemente "deforme", pues la conclusión es que cada lector hace con los textos lo que su comprensión le sugiera. De ahí la polisemia, la cual reviste de múltiples significados a la literatura.

Cada vez que un lector pasa sus ojos por las líneas de un libro, en ese mismo momento reelabora la obra que ha abandonado el primer autor.

La literatura se reescribe permanentemente y quizás por eso la "Metafísica" de Aristóteles aún no ha dicho todo lo que tiene que decir. No existe, por lo visto, obra definitiva.

19 julio, 2008

Boletín del CIELA


Para leer el boletín, haz clic sobre la imagen

ÍNDICE

7
Presentación
Rosix Rincones, Roger Vilain, Diego Rojas Ajmad
y Alvaro Molina D’Jesús.

11
La literatura regional en el contexto de la globalización
Gregory Zambrano

27
Ética universal y derechos humanos
Roger Vilain

37
La necesidad de reconocimiento: ¿motor de la acción política?
Alvaro Molina D’Jesús

63
De cómo el Licenciado en Letras, siendo y no siendo, constituye una
prueba para demostrar la existencia del limbo
(Aproximación a su perfil axiológico y teleológico)
Diego Rojas Ajmad

73
Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes (CIELA)

17 julio, 2008

UNEG inaugura centro de investigación de literatura y arte

Cinco profesores emprendedores y con ganas de difundir conocimientos sumaron esfuerzos para lograr lo que hoy es el Ciela, un lugar para el encuentro de las ideas.

Como parte del crecimiento y las aspiraciones por alcanzar un conocimiento integral se abrió la sede del Centro de Investigaciones y Estudios de Literatura y Artes (Ciela) en el módulo II de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG). Este lanzamiento pretende ser el punto de encuentro de la diversidad en beneficio de la cultura humanística de los guayaneses.

Roger Vilain, coordinador del centro, expresó que "las expectativas son llenar cierto vacío que existe, no solamente en la región Guayana sino en el Oriente del país en relación con los estudios en ciencias sociales, en arte, en filosofía, y tratar entonces de producir conocimiento desde acá, publicar, dialogar con nuestros pares de otros institutos y tratar de ofrecer un espacio para el debate el intercambio de ideas, en relación con los quehaceres humanísticos".

Dicho espacio cuenta con la participación de los profesores Álvaro Molina, Diego Rojas, Fabiola Mendoza y Diana Gámez, que fue invitada a formar parte de este selecto grupo de emprendedores, que sueñan con darle al patrimonio de la universidad y la ciudad nuevos conceptos basados en una previa indagación.

Gran corazón

Por su parte Diego Rojas, miembro del Ciela, dijo que "estamos dando un paso más para la consolidación de la UNEG como una verdadera universidad, en el sentido de que la UNEG debe tener una formación integral del individuo no solamente en lo científico y tecnológico, sino también en lo humanístico; en este sentido el Ciela busca consolidar la investigación en literatura, arte y sobre todo tratar de que el guayanés se conozca en ese lado humano, no sólo se conozca por el lado científico y tecnológico, que se entienda que el guayanés también tiene un corazón".

Simultánea a la apertura de la sede del Ciela se hizo la presentación de un boletín informativo, el cual recoge investigaciones destacadas de los profesores. Vilain indicó con respeto a esto que "ese boletín recoge los avances de investigación de los diferentes investigadores de planta en el centro, y es un boletín que pretende erigirse como una publicación anual, que va a mantenerse en el tiempo con la idea de dar a conocer todos los avances en materia de investigación".

El coordinador explicó que esta sede no sólo es para el uso de los estudiantes y profesores de la UNEG, al contrario, pretenden que se abra a todos aquellos que quieran unirse a esta causa en beneficio del conocimiento.

También se le hizo un llamado a las distintas instituciones para que si desean colaborar puedan hacerlo acercándose hasta la casa de estudios. Sería de mucha utilidad para los investigadores material bibliográfico especializado en literatura y arte.


15 julio, 2008

Orígenes venezolanos


Selección, prólogo y cronología: Gregory Zambrano
Bibliografía: Gregory Zambrano y Yely Soler
Páginas: LXII + 762
País: Venezuela
Nº 244

La perspectiva de historiador de Arístides Rojas lo pone en el camino de comprender los procesos de la manera más exhaustiva posible. La mayor parte de sus monografías son pioneras en el sentido de organizar por primera vez la información, ofrecer la documentación que sustenta la explicación histórica, lo cual le otorga en el sentido historiográfico su impronta fundacional. De una manera novedosa establece un modelo de propuesta bibliográfica que combina, en un mismo volumen, el conjunto de recreaciones históricas, cargadas de sus elementos creativos, plenas de su propio estilo literario y las hace acompañar con los documentos que le sirvieron de base. Los “orígenes venezolanos” están asentados sobre esas investigaciones y sobre el acervo documental que le sirvió de hipotexto. En ellas se encuentra el germen de las que habrían de sucederse, tratando de dar explicación científica a los hechos del pasado y sobre todo, aportando sustentación documental para comprender e interpretar su presente. La Venezuela que ausculta, se ha reconstruido ante sus ojos a partir de los vestigios de una espacialidad y una temporalidad que corresponden a una sociedad ya desaparecida.

31 mayo, 2008

El libro como lujo

Ahora resulta, como antaño, que el libro es un artículo de lujo. Durante la colonia venezolana la escasez de libros hacía de sus dueños personas con distinción y alcurnia: la posesión de un libro era símbolo de prestigio. Hoy, el libro vuelve a ser signo de distinción debido a la administración del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio y Cadivi: los libros fueron eliminados como artículos de primera necesidad y pasaron a la lista de artículos de lujo. Los libros entonces forman parte, según resolución publicada en Gaceta oficial del 03 de marzo de 2008, de los productos de importación que deben pasar por un largo y estorboso proceso de documentación que retrasa el cambiante y proteico comercio del libro. Junto al agua mineral y el uranio, entre otros productos, el libro importado tendrá como mínimo que pasar cuatro meses de espera por los dólares solicitados para su compra.
Esta medida, a todas luces ilógica y demencial, no tiene argumento posible que excuse a los funcionarios del ministerio. De mantener la restricción a la importación de libros, Venezuela aumentará la brecha temporal, ya de por sí enorme, entre el momento que se edita un libro en cualquier otro punto del planeta y su posible llegada a nuestro país. Por esa vía llegaremos a un autismo cultural que nos impedirá el contacto con nuestros semejantes.
Esta misma mala decisión de un gobierno la sufrió el pueblo mexicano el año de 1975. Con la excusa de incentivar la industria editorial nacional, el gobierno mexicano decretó la restricción a la importación de libros. Ante tal exabrupto Octavio Paz, Carlos Monsivais, Gabriel Zaid, Salvador Elizondo y la mayor parte de la intelectualidad mexicana comienzan una campaña de protesta que a los pocos meses hizo torcer el brazo al gobierno para revocar la medida y dejar por sentado un "contradecreto" que obligaba al Estado a la perpetua defensa del libro como bien cultural universal.
Sumando voces de protesta puede lograrse lo imposible... Y lo imposible, en este caso, es hacer entender al mundo que los libros son tan necesarios como el agua, la electricidad, el alimento, la salud...
Los libros no son un lujo; no señor.

23 mayo, 2008

El Chiquichiqui

Este video viajará por ondas electromagnéticas a través del infinito universo. Al llegar a la estrella más cercana a nuestro planeta, a 4 años luz, una civilización avanzada logrará captar y descifrar el mensaje que, cual botella en el mar, los terrícolas enviaron como pretexto para el primer contacto.

Una flota de aeronaves surcará el espacio rumbo al planeta Tierra con un discurso de paz preparado por los lingüístas extraterrestres.

Un "chiquichiqui" será lo primero en oirse cuando ocurra el encuentro.


10 mayo, 2008

Generación Y


Había oído hace pocos días la información acerca de una filóloga cubana que fue nominada por la revista Times como una de las 100 personas más influyentes del mundo, ello por su decidido espíritu bloguero de expresar libremente su posición, vía electrónica, desde la isla de Cuba. En Madrid fue elegida como ganadora del Premio Ortega y Gasset 2008, mención periodismo digital, pero los funcionarios cubanos le negaron el permiso para ir a recibir el premio.
Estos datos me motivaron a revisar el blog de la cubana y averiguar por mis propios ojos la razón de tanta polémica y discordia. El resultado fue el hallazgo de un excelente blog llamado Generación Y, el cual recomiendo visitar para apreciar la realidad latinoamericana desde otros puntos de vista.

Publicaciones UNEG

09 mayo, 2008

Para una epistemología de la literatura


La revista Investigación, editada por el CDCHT de la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela), en su edición número 14 correspondiente al segundo semestre del año 2006, publicó un dossier sobre el Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” de la ULA. Allí, en una serie de entrevistas con los protagonistas del quehacer investigativo de esa institución, se desliza una polémica que gira en torno al modo de hacer ciencia en el campo humanístico. Veamos.

El profesor Víctor Bravo, miembro del Instituto y reconocido investigador, delimita sus gustos y orientaciones metodológicas de la siguiente manera:

En mi gestión (2001-2003) traté de mantener abiertas todas las puertas, pero naturalmente uno apunta hacia su postura dominante, por tanto, la vinculación literatura-filosofía, tuvo gran importancia. Me parece que actualmente, sin tener un conocimiento completo de lo que se está haciendo, hay una dominante de los estudios culturales, paraliterarios. Esta percepción viene de Estados Unidos, se desarrolló durante un tiempo de manera muy fuerte en el Doctorado de la Universidad Simón Bolívar, luego en la Universidad Central de Venezuela. Creo que ésta es una visión de la literatura importante, pero estrecha, la he valorado y cuestionado mediante un ensayo publicado en varias revistas de Estados Unidos y Europa, titulado “¿Postcoloniales, nosotros? Límites y posibilidades de las teorías postcoloniales”, disponible en Internet.

Ante estas palabras, la investigadora Carmen Díaz Orozco responde:

Es un punto de vista que respeto, sin embargo, no estaría tan de acuerdo. Al menos no en lo que a mí concierne, porque si mi interés es vincular las artes y la literatura es inevitable que el proceso me obligue a abordar la cultura. Es verdad que hay esta directriz, pero no sólo en el Instituto, también en el ámbito internacional hay una tendencia hacia los Estudios Culturales. Creo que eso es sano. Porque, finalmente ¿qué es la literatura? Es tratar de representar lo humano, y ¿lo humano no tiene que ver con la cultura? Entonces por qué establecer compartimientos estancos entre una cosa y otra. Hablar de literatura es hablar de cultura. Divorciar ambas cosas es atentar contra los procesos culturales que dan cabida a las expresiones literarias; es mi particular punto de vista. ¿Cómo hablar de la literatura del Siglo XIX sin pensar en la sociedad, en la cultura, en la imagen y en el arte que, en ese contexto, eran procesos mancomunados? No podemos ponernos unas gríngolas para sólo ver lo literario, sería, a mi juicio, desentender la totalidad del proceso.

En el fondo, esta polémica es de por sí un falso problema, pues la disyuntiva que se presenta es de diversidad de enfoques metodológicos aplicados al estudio de la literatura. La ciencia en general, y en ella se incluyen los estudios literarios, fundamenta sus procedimientos y concepciones sobre la base de tres perspectivas epistemológicas: la racionalista, la empirista y la vivencialista.

Estudiar la literatura desde un enfoque racionalista consiste en observar el objeto de estudio como un hecho universal, como una pieza del lego de los valores y esencias autárquicas que no dependen de contextos, lenguas ni autores. La posición de Víctor Bravo es racionalista.

Intentar comprender la literatura desde la perspectiva empirista, es verla como un producto cultural, identificada plenamente con su contexto, del cual le debe su definición y peculiaridad mismas. Carmen Díaz es empirista.

Un tercer enfoque, ausente por lo visto de las actividades del Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, es el del estudio vivencialista de la literatura. En él, se parte de conceptos como “sentimiento”, en vez de “comprensión”; se ve a la literatura como una actividad que permite conocernos, pero que para acceder a ese “conocimiento” se requiere de la participación de la literatura como un lector apasionado, o como un escritor más. Me atrevería a incluir a María Fernanda Palacios en este enfoque.

Estos tres enfoques epistemológicos, el racionalista, el empirista y el vivencialista, condensan todas las posibilidades de investigación, irreconciliables en sus fundamentos, pero necesarias todas ellas para entender el universo desde todos sus ángulos.

06 mayo, 2008

El hombre escindido (y II)

Para el amigo Luis

Pero el problema no sólo pervive en el imaginario de los estudiantes universitarios. Hace poco, por ejemplo, cayó en mis manos la revista Reportajes, publicación del Instituto de Investigaciones en Biomedicina y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Oriente. En su tercer número, de finales del 2007, la revista presenta un conjunto de informaciones sobre el quehacer de la investigación universitaria. En la página 26 de Reportajes encontré una opinión del Dr. Fulgencio Proverbio, jefe del Laboratorio de Bioenergética Celular del IVIC, que me hizo fruncir el ceño. En la breve entrevista titulada "En el país hay buenos científicos, pero son muy pocos", el Dr. Proverbio explica la razón por la cual existen pocos científicos en Venezuela:

La falta de interés de los estudiantes por las carreras científicas. Para ilustrar esta afirmación, Proverbio mostró cifras que indican, entre otras cosas, que para el año 1980 había 300.902 estudiantes universitarios, pero sólo el 2,5% cursaban Ciencias Básicas, mientras que en carreras como Ciencias Sociales el porcentaje era de 30,20%. Asimismo, para el año 1999 había 707.568 estudiantes universitarios, de los cuales el 1,2% cursaban Ciencias Básicas, entretanto el 40,40% se formaba en Ciencias Sociales.


Aquí estamos frente al mismo dilema antes planteado de considerar a las Ciencias Sociales, y a las humanidades, como un seudoconocimiento, como un simulacro de investigación que no alcanza la rigurosidad de las ciencias "duras". En mi opinión, es tan científico el que estudia la Literatura, el Arte o la Sociedad como el que viste de bata y vive rodeado de tubos de ensayo y cables. Quizás posean métodos y fundamentos epistemológicos distintos, pero ambos buscan la comprensión de los fenómenos que nos rodean.

Esta representación de las ciencias y las humanidades no es exclusiva de nuestro país. En España, por poner un ejemplo, encontramos en el periódico “Hoy”, del 24 de abril de 2007, una carta enviada a la redacción escrita por Juan Carlos López Santiago. La misma dice:

Hoy en día se consideran cultos a aquellas personas versadas en Historia y que saben de batallitas, los conocedores del Arte en todas sus manifestaciones, pintura, arquitectura, y además, los que escuchan la 'gran música' y diferencian a Schumann de Shubert o Stravinsky de Prokofiev, por ejemplo. Son cultos aunque no tengan ni idea de física, química o matemáticas. Sin embargo, los que nos hemos decantado por las ciencias también sabemos de humanidades, puesto que éstas se aprenden a lo largo de la vida, pero al contrario no se cumple: los que rebuznan o ladran en ciencias siempre lo harán, puesto que éstas no se aprenden en el curso de la vida, más bien al contrario, se olvidan. Además, el aprendizaje científico conlleva un esfuerzo que está a años luz del que se requiere para las humanidades.
El conocimiento de historia, filosofía o arte no digo que sea malo, incluso es más gratificante que el científico porque es más fácil, pero ¿en qué grado redunda en la sociedad? Lo que nos facilita la vida, lo que realmente genera progreso es la ciencia, nos guste o no nos guste. Quizás estén menospreciadas porque es un saber que solamente está al alcance de una élite y los que atesoramos ese conocimiento somos envidiados. Dejemos de etiquetar de cultos exclusivamente a los humanistas y reconozcamos que hay un conocimiento superior, el científico, reservado a unos pocos.


Esta “perlita” de carta fue respondida días después por el profesor Natán Guijarro, respuesta que merece ser leída en su totalidad:

En la sección de Cartas a HOY de 24 de abril se publicó una referente al concepto de cultura y quién puede arrogarse ser definido como culto o no. El firmante, el Sr. López Santiago, apela a prejuicios recurrentes en una visión maniquea entre 'ciencias' y 'humanidades', dando a entender que las primeras son 'científicas' y las segundas no. Tal vez desconozca que, según la Teoría de la Ciencia, las ciencias se dividen en tres grandes grupos: ciencias exactas, experimentales y humanas, teniendo todas ellas el carácter de 'científico'. Tan científicas son las Matemáticas o la Física como la Historia o la Sociología, por poner algunos ejemplos.
Habla, con notable desprecio, de los que «rebuznan o ladran en ciencias», olvidándose que lo mismo hacen los que rebuznan o ladran en ciencias humanas. Dice, asimismo, que el aprendizaje 'científico' está a años luz del de las humanidades. ¿En qué datos se basa? ¿Sabe, por ejemplo, la ingente cantidad de bibliografía que debe manejar un alumno que estudia Historia? ¿O los datos 'científicos' que debe estudiar para entender un simple estudio sobre un yacimiento arqueológico?La afirmación sobre la presunta 'facilidad' para aprender conocimientos humanísticos muestra nuevamente su desconocimiento del tema: Las ciencias humanas no se limitan a 'empollar' una serie de conocimientos sin aplicación práctica; hay que relacionarlos con conocimientos anteriores, insertarlos en su contexto, estudiar diversos puntos de vista..., tal como en las ciencias experimentales.Por otro lado, sí le reconozco que tal vez pueda ser más 'útil' en un momento dado descubrir la vacuna contra el cáncer, pero no por ello se puede afirmar gratuitamente que «lo que realmente da progreso es la ciencia». Ciertamente hay muchos intereses económicos envueltos que pueden enriquecer a unos cuantos, pero de qué vale todo ello si todavía no hemos aprendido a convivir con los demás, a respetar y tolerar las diferencias, evitando la guerra como única arma frente al diálogo y el entendimiento. ¿Es eso realmente progreso? Creo que no.
Además, su afirmación de que los que «se han decantado por las ciencias también saben de humanidades» resulta petulante. Podrá tener unos conocimientos básicos, pero no los instrumentos científicos para obtener una visión global, científica de un asunto. El hecho de que personalmente conozca muchos términos médicos no me convierte en médico, aunque sí me ayude a entender aspectos básicos de medicina.
Por último, las ciencias, todas, exactas, experimentales y humanas están al alcance de todos, al menos en España y no de una élite. Sin embargo, sí que resulta llamativo que en las élites de poder suelen estar ocupadas por profesionales del Derecho, Relaciones internacionales y otras ciencias humanas, no por f'ísicos ni matemáticos. En todo caso, lejos de querer atizar aquí una polémica entre distintas ciencias, reivindico el papel de la interdisciplinariedad, que parece que el señor López Santiago desconoce, es decir, la relación entre las distintas ciencias que, como sabrá, no son compartimentos estancos. Por tanto, el conocimiento es eso, conocimiento, sin categorías por prejuicios académicos que no llevan a ninguna parte.

Vemos entonces que la idea de separar las actividades científicas y humanísticas y darle superioridad a una por sobre la otra aún sigue viva y coleando. ¿Pero fue siempre así? Si recurrimos a la historia pudiéramos recordar que todo el saber humano se concentraba en una única disciplina llamada “filosofía”. La filosofía agrupaba entonces todo el saber obtenido a través de un esfuerzo racional, siguiendo las pautas de un método filosófico. Todo lo humano y lo divino era el ámbito de la filosofía, por lo que ser filósofo significaba dominar las artes de la astronomía, física, química, biología, política, ética, estética, psicología, matemática, medicina, derecho, música, gramática, geometría... Un filósofo era un aprendiz de brujo, señor en todas las artes.

Pasaron nueve o diez siglos y aún en la Edad Media la filosofía seguía conteniendo la totalidad del saber, a excepción del estudio por lo divino, que se convirtió en ámbito reservado a la Iglesia. Ya para el siglo XVIII d.C., en la era de la Ilustración, o llamado también el siglo de las luces, en contraposición al oscurantismo del medioevo, el conocimiento humano había alcanzado tan alto grado de desarrollo que ya era dificultoso que una sola persona supiese de todo. ¿Cómo conocer de tantas cosas si cada ámbito de conocimiento había acumulado tanto saber y se hacía infinito? Fue entonces cuando cada saber fue abandonando a la filosofía e hizo tienda aparte para desarrollar su conocimiento. Así nacieron las ciencias, y la filosofía, como su madre, fue quedando poco a poco sola, sólo con algunas hijas solteronas: Ontología, Metafísica, Lógica, Teoría del conocimiento, Ética y Estética.

¿Por qué quedaron estas disciplinas en el cobijo de la filosofía? ¿Qué tienen en común para no haber hecho tienda aparte? Quizás resulte más esclarecedor preguntarnos por qué las otras se fueron de la filosofía. ¿Qué tienen en común esas hijas que lograron irse? Pues la matemática, la física, la química, la astronomía, la biología, entre otras, lograron delimitar su objeto de estudio y parcelar su saber para el desarrollo investigativo; es decir, se convirtieron en ciencia. Las disciplinas que aún se mantienen en la filosofía no se han convertido en ciencia pues su metodología les hace imposible mensurar su estudio a través de datos cuantitativos; es decir, no han delimitado su objeto de estudio porque sólo pueden existir reflexionando desde el punto de vista de la totalidad, que es una de las características definitorias de la filosofía.

Este hecho quizás sea uno de nuestros dilemas fundamentales. La visión especializada a la que nos obligó la ciencia y su afán por la profundización del saber, sin tener la visión total de la filosofía, nos sumergió en un desarrollo aberrante, desigual y deshumanizado, cuyo más claro ejemplo lo es la experimentación de la ciencia atómica. Una ciencia atómica sin filosofía no es más que Hiroshima y Nagasaki.

Insistir en separar las ciencias de las humanidades no hará más que profundizar los graves problemas de valores que están fracturando a la sociedad contemporánea. Por esa razón, la educación debe retomar su función de formación integral y olvidar las erróneas ideas de formar a un bachiller en ciencias y otro en humanidades, ahora llamados bachilleres en ciencias naturales y en ciencias sociales. La universidad, en sus planes de estudio de sus diversas carreras, debe hacer otro tanto por unir nuestras dos mitades. Hay que intentar un nuevo regreso hacia esa visión integral del mundo con los llamados paradigmas inter y transdisciplinarios, basados en una nueva, y como hemos visto a la vez ya antigua, manera de pensar.

Para terminar, nada mejor que retomar las palabras de Ángel Rosenblat, quien nos aconseja acertadamente:

El conflicto entre las Humanidades y la Ciencia es un conflicto falso, nacido de pueriles pretensiones de monopolio o de supremacía. Hoy no puede pensarse en unas Humanidades que dejen de lado la grandeza humana de la Ciencia, ni en unas Ciencias tan descarnadas y asépticas que prescindan del aporte del mundo humanístico. Humanidades y Ciencias son vertientes complementarias del espíritu humano, y es urgente abrir amplios vasos comunicantes para que cada campo se fertilice y enriquezca con los tesoros del otro.