09 diciembre, 2011

Válvula en facsímil

EL NACIONAL - Lunes 05 de Diciembre de 2011Escenas/2

Escenas

Válvula en facsímil

PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS

FRANCISCO JAVIER PÉREZ


E l estudio de nuestras publicaciones periódicas reporta una de las experiencias más apreciadas en la investigación cultural. Duermen en ellas, tanto del siglo XIX como del XX, gran parte de la producción literaria, científica y de pensamiento, ésa que aún no ha podido entrar abiertamente en el saldo de las mejores consideraciones.

Mucho y bueno de la creación intelectual está aún por descubrirse en las revistas y periódicos venezolanos.

Todo esfuerzo que se haga en la dirección de hacer conocer y de rescatar el patrimonio escriturario será recibido con beneplácito, pues significará un paso al frente en la complicada tarea de conocernos en nuestra literatura y en las ideas que ella motiva.

Son estos algunos de los afectos que se hacen presentes ante la edición facsimilar de la revista Válvula que acaba de aparecer en Mérida bajo el sello de las Ediciones Actual y de un conjunto de instituciones auspiciantes, tales como la Universidad de los Andes, representada por el Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres y la Dirección General de Cultura y Extensión, la Universidad Nacional Experimental de Guayana y su Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes y la Fundación UNEG.

La presentación de la edición ha corrido a cargo de los profesores Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad.

El primer y único número de Válvula apareció en enero de 1928. El copulativo texto "Somos" con el que se inaugura, cuya redacción se atribuye a Arturo Uslar Pietri, señalará el rumbo y destino de las vanguardias literarias en el país y la potencia con las que a partir de ese momento quedan instaladas: "Somos un puñado de hombres jóvenes con fe,con esperanza y sin caridad.

Nos juzgamos llamados al cumplimiento de un tremendo deber, insinuado e impuesto por nosotros mismos, el de renovar y crear. La razón de nuestra obra la dará el tiempo. Trabajaremos, ¡compréndasenos o no! Bien sabido tenemos que se pare con dolor y para ello ofrecemos nuestra carne nueva.

No nos hallamos clasificados en escuelas, ni rótulos literarios, ni permitiremos que se nos haga tal, somos de nuestro tiempo y el ritmo del corazón del mundo nos dará la pauta".

Afectos futuristas y surrealistas se hermanan con los destellos finales del modernismo para gestar una nueva visión de lo venezolano criollo. Se imponen construir una distancia y el trayecto les dará grandeza: "Llanero,/ caballero/ de las tierras estiradas,/ no eres un centauro,/ eres sólo un hombre aguzado hacia el peligro" (Julio Morales Lara).

Idea nueva de la nacionalidad: "A Bolívar no se le deben levantar estatuas./ Debe ser un martirio la cadena del bronce/ para el hombre que era la suprema libertad" (Miguel Otero Silva).

Premoniciones fatales habitan en los espitados: "Venezolanito que ordeñarás tu cielo,/ ¡ten cuidado!,/ no vayan a robarte las estrellas" (Pedro Sotillo). Se publican en sus páginas "El cortesano" de José Antonio Ramos Sucre y "La mujer que no vimos" de Fernando Paz Castillo. Muy singular, el poema "Vocales" de Pedro Rivero: "futurismo/cubismo/ ángulos entrantes/ y salientes/ proas/ camouflage/ los mástiles de los rascacielos/ hacen cosquillas a los astros".

Felicitamos el acierto y nos congraciamos con su difusión.

24 agosto, 2011

José Gumilla y el café

Guayana es territorio de primicias. En estas hermosas tierras nació la primera miss Venezuela, Sofía Silva Inserry; aquí, en El Callao, se jugó el primer partido de fútbol del que se tenga noticia en el país. Aquí, en Ciudad Bolívar, se imprimió El Correo del Orinoco, primer periódico patriota y se fundó aquí, en Upata, la primera Academia Venezolana de la Historia.

Otra de las grandes primicias que nos ofrece Guayana está en ser el lugar donde se sembró la primera planta de café en Venezuela. El padre jesuita José Gumilla fue quien trajo el café a nuestra región en el año de 1730. En su libro “El Orinoco ilustrado”, texto en el cual describe su labor misionera, Gumilla relata ese momento diciéndonos: “el café, fruto tan apreciable, yo mismo hice la prueba, le sembré y creció”.

José Gumilla, a lo largo del Alto Orinoco, fundó pueblos, estudio lenguas indígenas y se dio a conocer como civilizador inteligente y perspicaz. Además de todo ello, Gumilla nos legó el rico sabor y aroma que disfrutamos cada día en una humeante taza de café.

23 agosto, 2011

Guayana es... Lulú Basanta


María Lourdes Basanta es un perfecto y hermoso sinónimo de calipso. Conocida también como Lulú Basanta, esta destacada promotora de la cultura popular nació en El Callao, en 1932, y formó parte de las famosas comparsas de Isidora Agnes. Su nombre trascendió fronteras gracias a la labor como compositora de calipsos y entre sus obras más conocidas se encuentran “La Negra Isidora”, hecha como homenaje a su entrañable amiga Isidora Agnes, y “Guayana es…”, compuesta en 1966 para fijar posición ante el conflicto limítrofe con Guyana por la posesión de Anacoco, isla fluvial de 28 kilómetros cuadrados ubicada al este del estado Bolívar.

En una estrofa de la canción, Lulú Basanta reitera los límites de Guayana, afirmando la soberanía de nuestro territorio y diciendo con ello que las dimensiones del territorio venezolano no tenían discusión:

“Orinoco al norte
Brasil por el sur
Esequibo al este
Colombia al oeste
ese es el cuadrante
de nuestra Guayana
y toda esa tierra,
toda esa tierra
es venezolana”.

Lulú Basanta murió en el año 2010 dejándonos un legado de alegría que identifica a toda nuestra región Guayana.

22 agosto, 2011

La Negra Isidora


Isidora Agnes, mejor conocida como “La Negra Isidora”, fue una mujer excepcional, cultora del calipso y embajadora de El Callao, hasta el punto de hacer de ese pueblo minero del sur del estado Bolívar un lugar de referencia cultural en el mundo. La Negra Isidora nació en el año de 1923 y su empeño por preservar las tradiciones de su terruño la hizo organizar comparsas y hacer de los carnavales una fiesta que lograra estrechar los lazos de la comunidad.

Perseverante luchadora social, Isidora fundó sindicatos para la defensa del minero y de los habitantes de El Callao y desde su condición de militante del partido Acción Democrática dio refugio a los perseguidos políticos de la dictadura perezjimenista. A pesar de su militancia partidista, jamás aceptó tocar sus tambores para el partido. Dijo una vez al respecto: “mis tambores son apolíticos y en mis comparsas danzan adecos, copeyanos, urredistas, comunistas, masistas y los venezolanos todos juntos”.

La Negra Isidora muere de leucemia en el año de 1986 y, tras los honores militares ordenados por el presidente de la República, su cuerpo fue llevado al cementerio al son de una comparsa de calipso brindado por su pueblo querido.

La Negra Isidora seguirá con vida mientras siga sonando un bumbac y un calipso sea entonado con alegría por las calles.

21 agosto, 2011

El avión de Jimmy Ángel


El Salto Ángel, ubicado en el Parque Nacional Gran Sabana, es la caída de agua más alta del mundo, con una altura aproximada de 1.000 metros, y debe su nombre al aviador norteamericano Jimmy Ángel. La existencia de este majestuoso salto de agua era conocida con anterioridad por los indígenas de la región y abundan testimonios de españoles y venezolanos que ya habían avistado el inmenso tepuy de cortina líquida. Fueron precisamente esas descripciones y mapas que señalaban el salto los que motivaron a Jimmy Ángel a sobrevolar el tepuy en el año de 1937. Ángel intentó aterrizar en la meseta del Auyantepuy y sorpresivamente se encontró con que la superficie era un inmenso fangal cubierto de gramíneas. Con el avión semihundido en la cima del tepuy, Jimmy Ángel emprendió una larga travesía a pie, cruzando la selva para regresar a su hogar. El avión permaneció en ese mismo lugar durante 33 años y fue en 1970 cuando la Fuerza Aérea Venezolana inició el rescate del avión de Ángel. El avión, restaurado, permanece hoy exhibido en el Parque Ruiz Pineda de Ciudad Bolívar, como un homenaje a la aventura y el valor humanos.

20 agosto, 2011

Monstruos de Ciudad Guayana

Las historias de apariciones y fantasmas son comunes en tierras guayanesas. Existen relatos de seres fantásticos como “El peludo de Polanco”, animal misterioso que atemoriza a los bañistas del río Orinoco o “La carona de Caris”, sirena que convive con los pescadores de Ciudad Bolívar. Otros seres como “El caballo de tres patas” o las apariciones de duendes y chivos demoníacos son parte del imaginario colectivo de nuestra región.

Estos relatos, sin embargo, no son exclusivos de pueblos y pequeñas comunidades. En nuestra Ciudad Guayana, gran urbe de más de un millón de habitantes, también deambulan seres de otros mundos que alimentan la creencia popular. Es muy conocido, por ejemplo, el relato de los fantasmas del antiguo cementerio de San Félix, demolido en 1979 y sobre el cual fue construida la actual Plaza Miranda. Los vecinos de San Félix evitan pasar por ese lugar a la medianoche pues, según se rumora, es la hora durante la cual salen los antiguos moradores del cementerio. Otra historia es la de algunas mujeres de San Félix que cada cierto tiempo se reúnen en aquelarre y se transforman en aves, o la del empresario, dueño de una gran tienda comercial ubicada en Puerto Ordaz, quien vendió su alma al diablo y se convierte, de vez en vez, en un extraño animal con pezuñas.

Los relatos de apariciones y fantasmas son parte de nuestra cultura y siempre encierran una historia que nos identifica.

01 marzo, 2011

Estampas de la vieja Guayana


Angostura, hoy Ciudad Bolívar, fue el puerto fluvial más importante de Venezuela durante la época colonial, las primeras décadas de la vida republicana y aún, durante las primeras décadas del siglo XX. El mismo Humboldt, en su descripción de las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, habla de Angostura como el puerto de mayor ventaja entre los existentes en Venezuela, por encima de Puerto Cabello y La Guaira.

Las costas del Orinoco eran entonces puerta de entrada cotidiana para embarcaciones venidas de diversas latitudes. Goletas, bergantines, balandras y lanchas llegaban de San Fernando, Nutrias, Camaguán, Cumaná, Pampatar, Upata, Arauca, Trinidad, Liverpool, Bremen, Tobago, Cuba, Nueva York, Martinica, Barbados, Hamburgo, y un largo etcétera que está inscrito en las listas oficiales de desembarco de la época.

En esas naves, a la par que nuevas mercancías, llegaban idiomas ajenos, diversidad de impresos, ideas divergentes. Ciudad Bolívar era entonces una urbe con una prominente oferta de bienes culturales como periódicos, libros, obras de arte, compañías de teatro, cines, orquestas, entre otras, que venían a satisfacer la demanda de los guayaneses de finales del siglo XIX.

Hoy, Ciudad Bolívar lucha contra el olvido y la desidia, soñando con los esplendores de su pasado.

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En 1899 un grupo de jóvenes intelectuales de Ciudad Bolívar se reunió para fundar el Centro Científico-Literario. A este centro, que servía de excusa para las amenas y sesudas tertulias, acudía Bartolomé Tavera Acosta, Luis Felipe Vargas Pizarro, Luis Alcalá Sucre, José Manuel Agosto Méndez, Luis A. Natera Ricci, Saturio Rodríguez Berenguel, entre otros universitarios guayaneses de la época. El Centro Científico-Literario de Ciudad Bolívar publicó y logró mantener por quince años la revista Horizontes, medio que servía de órgano de difusión de dicho centro. Esta revista, de periodicidad mensual, vio la luz el 30 de enero de 1899, y es comparable por su singularidad y prestigio, según señalan algunos investigadores, a El Cojo Ilustrado, una de las mejores revistas culturales de Hispanoamérica que existió a finales del siglo XIX y principios del XX.

El último número de la revista Horizontes, el 131, apareció el 31 de octubre de 1914. La guerra europea había hecho escasos el papel y otros insumos para la imprenta. Por ello la revista, luego de 15 años de existencia y de circulación nacional e internacional, finalizó su influencia en la vida cultural venezolana.

Hoy la revista Horizontes, a pesar de su importancia, yace olvidada en algunos de los estantes de la Biblioteca Nacional de Caracas.

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El nombre de Monseñor Zabaleta es usado hoy día para designar varias instituciones y edificaciones de Ciudad Guayana: dos liceos, una avenida, un centro comercial y la terminal de pasajeros de San Félix ostentan el nombre de este insigne religioso español.

Llegado a San Félix a principios de la década de los 50, Francisco Javier Zabaleta Lizarraga venía de realizar una significativa obra social en Tumeremo y de luchar por la dignificación de los indígenas del Delta y de la Gran Sabana.

Flaco hasta el extremo, de pelo blanco como la sotana que usaba de indumentaria, Monseñor Zabaleta se caracterizó por su absoluta sencillez y pobreza en su modo de vida y por su inagotable fuerza y sensibilidad ante los problemas humanos. Desde su posición de prelado, incentivó la creación de liceos, carreteras, puentes y siempre tuvo como norma ayudar a los más necesitados.

El 23 de enero de 1958, cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Monseñor Zabaleta se arriesgó a subir a las 3:30 de la madrugada a su campanario a medio construir para hacer sonar las pesadas campanas de la iglesia y anunciar así a los guayaneses la llegada de la democracia.

En 1981 partió a su España natal, siempre con la esperanza de regresar y volver al San Félix de su vida. Pudo hacerlo una vez más en 1989 y murió un mes después, a la edad de ochenta años.

El nombre de Monseñor Zabaleta quedó eternizado en Guayana, donde lo recordarán por siempre como el sacerdote de la humildad.

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Antonio Lauro fue el primer compositor venezolano cuya obra resultó conocida, estudiada e interpretada en el mundo entero. Su nombre forma parte del repertorio universal de la guitarra. Sin embargo, muy pocos saben que este músico de renombre internacional nació en Ciudad Bolívar en el año de 1917, en una casa que aún existe y que hace esquina con la plaza Bolívar, entre las calles Amor Patrio y Constitución. En esa Ciudad Bolívar de su infancia aprendió el pequeño Lauro el amor por la música, quizás aprendiendo primero de su padre, barbero, músico y compositor, quien murió tempranamente, cuando Antonio Lauro contaba apenas con 5 años de edad. Ya de adulto, y reconocido como el gran compositor venezolano, recordaba siempre la influencia temprana de su padre en su formación musical, diciendo que la profesión que tomó fue siempre un homenaje a su padre.

Uno de los valses más conocidos de Antonio Lauro es el que lleva por título “Natalia”. Compuesto en 1940, fue grabado por vez primera en 1955 y en los créditos el autor aparece como un compositor argentino. Plagiada muchas veces y grabada sin la autorización previa de Lauro, esta obra recorrió el mundo ganando cada vez mayor aprecio y fama sin saber el público que un bolivarense había compuesto tan extraordinaria maravilla.

En 1986, a la edad de 68 años, muere Antonio Lauro, aguardando aún por el reconocimiento de Ciudad Bolívar como una ciudad de un esplendoroso legado musical y dejando tras de sí una larga estela de melodías que alegran al mundo.

14 enero, 2011

Anormales

Universidad de Los Andes
Facultad de Humanidades y Educación
Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres”
Maestría en Literatura Iberoamericana


X Encuentro de Investigadores de Literatura
Venezolana y Latinoamericana

Mérida, del 29 de junio al 01 de julio 2011.


ANORMALES


PRESENTACIÓN:

Este X ENCUENTRO DE INVESTIGADORES DE LITERATURA VENEZOLANA Y LATINOAMERICANA tiene como objetivo reflexionar en torno a la noción de anormalidad. Un punto de partida puede ser el planteamiento de la relación entre el anormal y el poder, o el anormal y el deseo. El anormal se construye como efecto y resultado del distanciamiento de una norma, es decir, que es la distancia existente entre una conducta determinada y la normatividad política, jurídica, médica, familiar que subyace a toda episteme, la que establece si dicha conducta se inscribe en los parámetros de salud o enfermedad, de legalidad o ilegalidad, de normalidad o anormalidad y, por consiguiente, si debe o no ser sometida a procedimientos de corrección y control. De esta forma, cada época tiene sus propios monstruos y sus propios anormales, en cada momento histórico la anomalía responde a saberes e imperativos distintos que son los que establecen los límites a partir de los cuales un sujeto deviene peligroso y amenazante para la sociedad porque, con su conducta o estado, interrumpe el sentido soberano desestabilizándolo mediante su diferencia. Es en esta frontera que a la vez abre y cierra el paso a lo que de humano es permitido o no, donde el sujeto anormal tiene lugar y donde despliega su potencia perturbadora.
Por lo que se refiere concretamente a América Latina, los anormales suelen aparecer en la historia literaria y artística como “casos” difíciles de resolver; y su manifiesta marginalidad los convierte en potentes “enigmas” capaces de arrojar luces sobre los procesos sociales y culturales en los que se encuentran inmersos.
Estas Jornadas proponen una reflexión, sin ninguna pretensión de clasificación o de categorización, sobre diferentes formas de alteridad-anormalidad, desde las más estereotipadas por la sociedad y cultura como los son las putas, los locos, las brujas, los monstruos, los asesinos, los adictos, los criminales, por mencionar algunas, hasta las menos predecibles y precisas en las que lo anómalo encarna una potencia significante y políticamente desestabilizadora capaz de producir saberes, cuerpos, lógicas “otras”. Es decir, devenires menores que transgreden las fronteras de la norma abriendo el sentido hacia derroteros que desafían la inteligibilidad misma de la interpretación.

PONENCIAS:

Los interesados deberán enviar, por correo electrónico, antes del 1 de mayo, la ficha de inscripción personal y el resumen de su ponencia a la siguiente dirección electrónica: alconber@gmail.com El resumen constará de unas 10 líneas o 200 palabras y en él debe aparecer el nombre y la dirección electrónica del autor, el título del trabajo y tres palabras que lo identifiquen.

El texto integral de la ponencia deberá consignarse el día de su lectura, tanto en c.d. como en forma impresa. La exposición de los trabajos no podrá exceder los 20 minutos y su extensión en papel no deberá superar las 12 páginas (unos 20 mil caracteres).

Sólo se aceptarán las ponencias aceptadas por el Comité organizador mediante comunicación escrita.



FICHA DE INSCRIPCIÓN PERSONAL:
Apellido y nombres: ...........................................................
Dirección: ...........................................................................
Teléfono: ............................................................................
Dirección electrónica: .........................................................
Categoría en que participa:
□ Expositor
□ Asistente
Datos laborales (cargo, institución):.....................
Dirección:..................................................................
Título de la ponencia:..............................................
MESA:......................................................................
*Anexar resumen (máximo 200 palabras)


Por el Comité Organizador:

Álvaro Contreras
Coordinador del evento.

24 diciembre, 2010

Estampitas guayanesas de diciembre


Corre Caballito

Los aguinaldos y villancicos son manifestaciones musicales originadas en la Europa medieval y fueron elaborados por las clases más pobres de la época. Era el pueblo llano, alejado de las cortes y los monasterios, quien amenizaba sus celebraciones con estas breves composiciones. Los alegres cantos llegaron a América con los españoles y esa costumbre decembrina de pasear de madrugada por las calles del pueblo, entonando aguinaldos y villancicos, arraigó hasta el punto de convertirse en tradición del último mes del año. En la Ciudad Bolívar de los siglos XIX y XX esta costumbre tenía mucha aceptación entre sus moradores. Testimonio de ello son las composiciones “Casta paloma” o “La Barca de oro”, hechas por Alejandro Vargas, el juglar de Ciudad Bolívar, o el conocidísimo “Corre caballito”, cuya letra y melodía fueron compuestas por un músico anónimo de esta ciudad a orillas del Orinoco. Recordemos esta hermosa melodía.

Corre caballito, vamos a Belén
a ver a María y al Niño también;
al Niño también dicen los pastores:
que ha nacido un niño cubierto de flores.

Imaginemos el grito de “corre caballito” en las calles de la vieja Ciudad Bolívar, llamando de madrugada a los vecinos a formar parte de la celebración. Esa es una tradición que debemos mantener.

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Diciembre en 1920

Cada uno de nosotros tiene un recuerdo maravilloso de las festividades decembrinas de su infancia. ¿Quién no evoca con alegría las hallacas, el pan de jamón, la música y el encuentro con los familiares y amigos en espera del nacimiento del Niño dios y de la llegada del año nuevo? Oigamos por ejemplo el recuerdo de las navidades de la infancia que vivió el poeta y médico Elías Inaty en la Ciudad Bolívar de 1920:

“Recuerdo que el único adorno navideño en las casas era el nacimiento y recuerdo también que el jamón venía crudo y por tanto se sancochaba durante cuatro horas, agregando papelón y hojas de laurel. Después lo planchaban para dorarlo con planchas de hierro calentadas previamente en las brasas. Finalizada la operación, le incrustaban clavos de especie.
En la noche del 31 de diciembre se reunía toda la familia para recibir juntos el año nuevo. El anuncio de las 12 de la noche lo hacía el cañón del Cerro del Zamuro, en el viejo fortín, y los pitos de los barcos en el puerto”.

No olvidemos nunca esta vieja tradición de la Navidad en Ciudad Bolívar. La unión en familia y con nuestros vecinos es algo que nunca debe pasar de moda...

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Fiesta de Locos

En Caicara del Orinoco, cada 28 de diciembre, sus habitantes salen a las calles de una manera inusual, como nunca lo habían hecho en el resto del año. Los hombres salen de sus casas vestidos de mujeres y las mujeres, olvidando sus maquillajes y faldas, pasean por las aceras del pueblo vestidas de hombres. El pueblo danza por las calles en algarabía y las bromas no se escatiman en esta festividad. Denominada la “Fiesta de Locos”, esta tradición celebrada el día de los Santos Inocentes proviene de la Europa medieval. En aquella época, el pueblo humilde alteraba el poder instituido y la libertad reinaba ese día en las calles. Algunos piensan que la locura que se asume es para burlar la masacre de Herodes, quien ordenó el 28 de diciembre la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén con la intención de desaparecer al posible Niño Dios. Sea locura para ignorar las calamidades o simple broma para alegrar la proximidad del fin de año, lo cierto es que en Caicara del Orinoco las tradiciones aún se mantienen con vida.

15 diciembre, 2010

La extraordinaria historia de Teresa Villafañe contada por su hermana Carmen Dora (En su memoria)


En un lugar muy lejano de toda civilización llamado El Jacintero nació una niña que le pusieron por nombre Ana Teresa, hija de Rafael Olaechea y Leonarda Villafañe. Un 15 de octubre de 1930 fue el día de su nacimiento y como partera estuvo una señora llamada doña Chepa, comadre de mamá Leonarda. En ese lugar vivían sus hermanos mayores José, Carmen, Miguel y Pablo. Teresa era muy delgadita porque no se le curaba el ombligo, y mamá Leonarda utilizó las plumas de zamuro quemadas para curarla. En esa época todos se alimentaban con cacería y peces de un río que había cerca de la casa. Papá Rafael nunca se quedaba trabajando en una sola finca y se mudaba de una parte a otra con frecuencia. Después papá Rafael se mudó para Las Uvitas, eso pertenecía al general Tañán, cerca de ahí nació Máximo, hijo de papá Rafael. En esa finca duramos muchos años: mamá encargada de los obreros, de sus hijos, y papá de la finca.

De ahí nos fuimos para El Tamarindo; allá duramos largo tiempo. De ahí papá se fue para El Cucharo y a Miguel le dio una fiebre de varios días y una vez convulsionó. Papá desesperado le dio a oler creolina y al poco tiempo Miguel vomitó una enorme lombriz llena de sangre. Mi papá ofreció una promesa de volver a Libertad.

En El Picacho, ya cuando Teresa estaba más grande, se ponía un rollito de trapo en la cabeza con un haz de leña. Esto lo hacía todos los días para cargar agua en tapara y botellones. Le pesaban mucho pero nunca llegó a quebrar nada. Había un pescador llamado Olivo, él vivía en las enramadas de la orilla del río y sacaba unos enormes bagres que los vendía y botaba la manteca. Miguel y José le pedían la manteca para que mamá nos hiciera la comida. Cuando había ribazón de coporos mis hermanos dejaban la canoa en el río y por la mañana recogían los pescados, los arreglaban, les ponían sal y los ponían al sol. Cuando estaban secos mamá los preparaba. Un día en El Picacho estaba hirviendo agua para hacer café. Custudio se acercó y el agua hirviendo le cayó a Custodio en la barriga. Esta quemadura era tan grande que se asemejaba al mapa de Barinas; él lloraba mucho y mamá y papá le untaban la tripa de la tapara para aliviarlo.

Nos fuimos a El Roble. El día en que nos fuimos salimos a las 6 de de la mañana unos montados en una burra llamada “La Chepera”, otros en caballo y otros a pie. Carmen llevaba una hermanita que estaba enferma; Teresa iba a pie. Papá perdió el camino por lo oscuro que estaba y llegamos a una casa sola donde había muchos topochos maduros. Al terminar de comer los topochos retomamos el camino y llegamos a donde don Doroteo Brito a las 12 del día y nos pusieron a moler maíz para hacer cachapas. De ahí seguimos para El Roble, allí había una troja donde todos dormimos juntos.

Luego nos fuimos cerca de la finca de Eugenio Calles, hombre bondadoso pues cuando no teníamos aliños ni comida, doña Victoria, su esposa, nos regalaba para preparar guacharacas, venados y otras cacerías. Mamá ponía humo de bosta para que el ganado se acostumbrara a ir al sitio para “magiar” con su respectivo becerro. Un día Carmen invitó a obtener leche. Le echaba bosta verde al hocico del becerro y con un palo le tocaba las ubres de la vaca. Cuando veía que era mansa la ordeñaba dejando el becerro amarrado en un botalón. Un día llegó un hombre que venía del hato Villa Elba; en lo que vio al becerro le dijo que esa vaca la hacía perdida y que la podía tener hasta que Carmen quisiera y así Carmen tenía suficiente leche para el sustento de nosotros.

En esas inmensas llanuras vivíamos felices oyendo el trinar de toda clase de pájaros, esteros llenos de agua y salíamos a bañarnos corriendo por esos grandes pantanos. Al meternos al monte veíamos bejucos llenos de flores moradas y de varios colores, también había venados que nosotros comíamos, también cachicamos y guacharacas.

De ahí nos fuimos para Ciudad de Nutrias. Ahí teníamos una tía llamada Clara. Ella era maestra en Caño Seco, la escuelita era un solo cuarto con una salita y unos bancos donde se sentaban para la clase. Una noche estaba muy asustada porque se me olvido ponerle velas a las ánimas y de pronto me dijo: “hija, ay, este Simón Bolívar, los descendientes y muchos muertos más necesitan que los recuerden”. Un día tía Clara le dijo a Teresa: “Acompáñame al pueblo” y a Teresa en el trayecto se le quedó el pie enganchado en la cincha de una jamuga de la silla de la burra y quedó muy aporreada. Teresa era tan tremenda que le pidió a un guardalínea una locha y un cigarro y papá Rafael la vio y le dio un buen regaño.

Se me había olvidado contarles que un día, en El Roble, Pablo estaba cortando matas de maíz para darle al ganado; Teresa, como era muy inquieta, se acercó a él, se puso a conversar, de pronto metió la mano y Pablo sin querer le dio un machetazo en un dedo de la mano y le quedó guindando en un pellejito. Mamá Leonarda desesperada le agarró el dedo a Teresa y le echó polvo de café con hollín de cocina y le amarró el dedo con una tira de trapo.

En el año 45 estábamos en Palo Grande y llegó una gran creciente. Papá nos mandó a buscar para Ciudad de Nutrias. La casa era muy grande, con un buen corredor. Ahí nos guindaban las postreras que eran hechas con bejuco o cabuya de topocho. Como a las 10 de la mañana nos daban arepa de maíz rayado, también había una enorme troja y nos subíamos en una escalera hecha de palo. Cada uno dormía con su mosquitero.

Cuando nacieron Custodio y Ofelia lo supimos por el llanto. Mamá Leonarda hizo un hueco ovalado donde ponía un trapo y ahí descansaba Ofelia. También recuerdo que en la casa donde vivíamos, que era en la orilla de la carretera, en El Cucharo, había un árbol llamado merecure. En esa casa nació un hermanito que le pusieron por nombre Jesús María, pero a los 7 días murió y lo enterraron en la pata de un palo de limón. Un día sucedió que nos fuimos al río Malparo, Pablo, José, Miguel, Teresa y yo. En el río llenamos los taparos que los traíamos colgando de los dedos; veníamos en fila y de pronto yo, que venía de tercera, pegué un grito y todos volteamos y vimos a una enorme culebra que la llamaban mapanare. De pronto vimos que la culebra estaba enrollada para dar otra picada. Salimos corriendo y nos olvidamos de los taparos. Yo salí caminando y caí al suelo, quise caminar y no pude. De pronto venía un señor en un burro y me llevó hasta la casa, estuve muy grave y vomité dos vasos de sangre. Hasta por las encías me salía sangre. Sólo por un milagro de Dios, a las 5 de la mañana, llegó un curandero que era familia de mi papá y le pidió permiso para entrar en mi cuarto y ese señor me curó.

Para entonces Teresa conoció a un joven llamado Francisco Silva, de quien se enamoró perdidamente. Así duraron un tiempo con aquel gran amor hasta que resolvieron hacer los preparativos de la boda; pero por cosas del destino el día que Teresa se iba a casar mi hermano José se opuso, y teniendo miedo por lo que pudiera pasar se resignó a dejar todo en voluntad de Dios. Días después su hermano José la mandó acompañada de la Guardia Nacional para donde una tía que vivía en Barquisimeto. Allí nos encontrábamos Ofelia y yo, y Teresa pasó mucho trabajo hasta que un día la llevaron donde el doctor Dr. Raúl Ramos Calles. Tiempo después el doctor quería abusar de Teresa y ella dormía con pantalones y dormía con muchos para protegerse. Una noche decidió pasarse con una vecina que era esposa de un general que era muy buena. Raúl Ramos Calles le dijo al general que Teresa había quebrado un jarrón muy valioso y por eso huyó. Al enterarse José de lo sucedido la volvió a buscar con la Guardia Nacional.

Un día fue Teresa a donde doña Lázara y vio por primera vez a Julio. Julio, al ver a Teresa, quedó impactado por su belleza y juventud. Aprovechando que un muchacho llamado Infante estaba perdidamente enamorado de Carmen y la iba a visitar todas las noches, Julio se hizo amigo de Infante y lo acompañaba en esa tarea diaria del galanteo. Al llegar a la casa donde vivía Teresa, Julio dejaba a Infante en la sala y él seguía para el corredor a hablar con Teresa y siempre mamá Leonarda presente. Ahí comenzaron los amores, duraron 2 años de novios y se casaron. Ahí nacieron, de ese amor Julito, Rafael, Neccy; después se fueron para Acarigua y llegaron donde doña Gualdina de Panza porque Julio era diputado a la Asamblea por el estado Barinas y fue despedido. Ahí duraron varios meses mientras Julio conseguía trabajo y después se fueron para La Aparición, donde yo vivía. Vivieron mucho tiempo ahí y después se fueron para Ospino, donde vivía Pablo. Ahí le mortificaba mucho las tremenduras de los muchachos, pero Pablo era muy bueno y la ayudaba mucho con las enfermedades y las travesuras. Por cosas del destino surgieron dos ofertas de trabajo: una para Miguel y otra para Julio. A Julio lo mandaron para Coro y a Miguel para Tovar. En Coro nacieron los demás hijos de Teresa y ahí empezó su gran trabajo sola y lejos de su familia. Teresa pensaba mucho en mamá Leonarda porque se le hacía muy difícil verla. Mamá Leonarda y yo estábamos pendientes de Teresa y todos los diciembres le mandábamos los regalitos de navidad para todos los muchachos. Julio no se ocupaba ni en regañar a sus hijos, todo lo hacía Teresa sola. Se la pasaba todo el día haciendo comida, lavando, planchando y recibiendo a casi toda la familia de Julio. De tantos problemas que tenía Teresa tuvo que mandarme a Moraima; José Gregorio, “Chuque”, a Pablo. Afortunadamente regresaron con el mismo cariño de siempre a la casa de Teresa. Teresa se alegraba mucho al ver llegar a Pablo y a mí con sus hijos; a Ofelia llevándole mucha comida. Una vez le llevaron un pavo, cochino, plátanos y muchas cosas más.

Todos sus hijos crecieron y como Teresa creía mucho en Dios desde muy joven los guió por el buen camino. Esto le sirvió para tener unos hijos muy unidos que querían mucho a su papa y Teresa está muy orgullosa de ellos.


Barinas, 15 de octubre de 2010.

04 diciembre, 2010

Estampitas guayanesas


La antigua prisión de Ciudad Bolívar, ubicada en el paseo Orinoco, fue un edificio aterrador, sede de torturas, enfermedades y muertes. Varios dictadores que gobernaron nuestro país la utilizaron como reclusorio y campo de concentración para callar las voces disidentes. Por sus celdas pasaron cientos de venezolanos, entre los que podemos mencionar a Rufino Blanco Fombona, Alfredo Arvelo Larriva, José Agustín Catalá, Eduardo Gallegos Mancera y Simón Alberto Consalvi, entre otros. Uno de los tantos venezolanos que sufrió los horrores de la prisión y la tortura fue Guillermo Castillo Bustamante. Arrestado por el simple delito de militar en el partido Acción Democrática, este músico nacido en Caracas en 1910 fue a parar a las manos de la Seguridad Nacional, policía política de Pérez Jiménez. A pesar de las torturas, Guillermo Castillo no delató a sus compañeros de partido y los esbirros recurrieron al arresto de su esposa. Su hija Inés quedó sola, al cuidado de algunos amigos y conocidos, y era ella quien le escribía y le mantenía informado acerca del estado de su familia. Por casualidad del destino, un viejo y destartalado piano, llevado por Monseñor Bernal a la prisión, fue reparado por Guillermo Castillo y en él compuso uno de los boleros más hermosos del mundo. La letra de la canción expresa la angustia de Guillermo Castillo Bustamante por el retardo de las cartas de su hija Inés. Como en una súplica anhelante, dice la letra: “Me hacen más falta tus cartas que la misma vida mía, y aunque sean tonterías, escríbeme, escríbeme”.
Así nació, en 1953 y a orillas del Orinoco, el bolero “Escríbeme”.

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Es poco conocido que en el estado Bolívar existe una obra de Gustavo Eiffel, ingeniero francés que construyó la famosa torre parisina que lleva su mismo nombre. En la troncal 10, que conduce hacia el Parque Nacional Canaima, puede observarse sobre el río Cuyuní un viejo puente de hierro colgante, de impresionante belleza, digno de ser considerado como una joya de la ingeniería y la arquitectura.
Algunas versiones cuentan que el puente iba a ser llevado desde Francia hacia Perú, pero el capitán del barco que lo trasladaba se equivocó y lo trajo a Venezuela. Otros dicen que el barco encalló en nuestro país y el puente, que tenía otro destino, fue desembarcado y usado, a finales del siglo XIX, para el paso sobre el río El Sombrero, en el estado Guárico.
Años más tarde, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, fue desarmado, recortado y traído hasta el río Cuyuní, donde actualmente permanece.
El puente está hoy en desuso, a un lado de la vía, lleno de malezas y con la posibilidad de caer en el río y perderse para siempre.
La posesión del puente está en disputa pues el gobierno francés exige la devolución de la obra para ser exhibida; la población de El Dorado pide sea restaurado para que sea convertido en atracción turística, y Edelca, por su parte, plantea la posibilidad de usarlo para unir el Parque La Llovizna con el Parque Loefling.
Es urgente que preservemos este puente para la memoria cultural de nuestros pueblos.

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El concurso del Miss Venezuela se ha convertido en uno de los espectáculos más vistos y comentados de nuestro país y ha calado de tal manera en la vida de los venezolanos que ha pasado a ser una práctica cultural que nos identifica ante el mundo. Sólo basta con preguntar a un extranjero lo que conoce de nuestro país y de seguro responderá, sin pensarlo mucho, que Venezuela es tierra de petróleo y de misses.
El primer concurso del Miss Venezuela se realizó en el año de 1952 y, para orgullo de los guayaneses, la ganadora de ese evento fue la señorita Sofía Silva Inserry, representante del estado Bolívar. De 23 años, con un metro sesenta y tres centímetros de altura y un peso de cincuenta y seis kilos, Sofía, nacida en 1929 en El Palmar, fue elegida como Señorita Bolívar y apenas dispuso de una semana para comprarse ella misma su traje para el concurso, maquillarse y presentarse en Caracas para el día del magno evento.
El recato y el pudor en la Venezuela de esos años motivaron a que varias de las concursantes desistieran a desfilar en traje de baño; sin embargo, Sofía Silva Inserry no tuvo reparos y mostró su exuberante belleza ante el jurado calificador. Varias comunidades religiosas protestaron con la intención de impedir el concurso y publicaron avisos por la prensa acerca del supuesto carácter pecaminoso del evento.
Ignorando las adversidades y siempre con el apoyo de su familia, Sofía partió 15 días después hacia California, Estados Unidos, a representar a Venezuela en el Miss Universo.
Sofía Silva Inserry, nuestra primera miss Venezuela, hija ilustre de Tumeremo, fue y será por siempre símbolo de la bella mujer guayanesa.

22 octubre, 2010

150 años Gonzalo Picón Febres

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LITERARIAS

« GONZALO PICÓN FEBRES »

MAESTRÍA EN LITERATURA IBEROAMERICANA

150 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DE

GONZALO PICÓN FEBRES

45 AÑOS DE FUNDACIÓN DEL

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LITERARIAS

Mérida 27 y 28 octubre de 2010

PROGRAMA GENERAL

MIÉRCOLES 27 DE OCTUBRE DE 2010

9:00 a.m. Apertura.

Palabras del Prof. Alfredo Angulo, Decano de la Facultad de Humanidades y Educación.

Palabras del Prof. Víctor Bravo, ex director del Instituto de Investigaciones Literarias.

Primera Sesión:

9:30 a.m.

PROF. LUBIO CARDOZO: GONZALO PICÓN FEBRES, INICIADOR DEL NATIVISMO LÍRICO VENEZOLANO.

PROF. ALÍ LÓPEZ B.: GONZALO PICÓN FEBRES Y LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.

JUEVES 28 DE OCTUBRE DE 2010

Segunda Sesión:

9:00 a.m.

PROF. BELFORD MORÉ: LA CRÍTICA Y EL PROBLEMA DE LA LENGUA LITERARIA EN GONZALO PICÓN FEBRES.

PROF. RICARDO GIL OTAIZA: LA CRÍTICA Y LA ACCION EN GONZALO PICON FEBRES.

PROF. DIEGO ROJAS A.: GONZALO PICÓN FEBRES Y LA LITERATURA VENEZOLANA EN EL SIGLO DIEZ Y NUEVE.

21 octubre, 2010

Relatos del Sur


La prisión de Ciudad Bolívar y "Escríbeme"






Luces de Puerto Ordaz





Aves...





El Callao, cuna del Fútbol





El cine en Upata





El habla guayacitana





Fantasmas de Puerto Ordaz



La primera imprenta de Guayana


Durante los primeros días del mes de octubre de 1817 llegó a Angostura, antigua Ciudad Bolívar, la primera imprenta de Guayana. Traída desde Trinidad, la instalación de esta primera imprenta en la región fue una de las tantas empresas que ejecutó el Libertador Simón Bolívar en su gesta emancipadora. Con casi dos metros de alto y ochenta centímetros de ancho, la imprenta fue operada por Andrés Roderick, con la colaboración de Thomas Taverner, Juan José Pérez, José Santos y Juan Nepomuceno Ribas. En esta imprenta se elaboró el periódico “El Correo del Orinoco”, cuyo primer número salió a la luz ocho meses después de la instalación de la imprenta, el 27 de junio de1818. Esta publicación defendería la causa patriota y haría el contrapeso a la “Gaceta de Caracas”, medio de difusión de la causa realista. Hoy día la imprenta reposa en las instalaciones del Museo de Guayana, ubicado en el paseo Orinoco de Ciudad Bolívar, aguardando por la visita de propios y extraños.

08 octubre, 2010

Sarrapia

La sarrapia es el árbol emblemático del estado Bolívar. Conocido también como yape o sarrapio, este árbol puede alcanzar una altura de 25 a 30 metros y su temporada de cosecha se ubica entre los meses de enero y abril de cada año. Aunque su madera es valiosa, su mayor valor económico reside en su fruto, de cuya almendra se obtiene una sustancia con sabor a vainilla que se utiliza para aromatizar ciertos tabacos, perfumes, jabones y licores. Es mayormente utilizada por la industria tabacalera y cosmética. Para obtener un kilo de sarrapia son necesarias de 300 a 400 frutas.

Desde 1847 Guayana inicia el comercio de exportación de este fruto, llegando a alcanzar un sorprendente auge de exportación en 1942, decayendo su producción hacia el año de 1965. De los puertos de Ciudad Bolívar salían hacia el mundo los cargamentos de sarrapia, compradas en su gran mayoría por la American Tobacco Company, quien usaba la sarrapia guayanesa para perfumar la famosa marca de cigarrillos Lucky Strike.

11 septiembre, 2010

La venta de Puerto Ordaz

A mediados de la década de los cincuenta, Puerto Ordaz no era más que una gran extensión de terreno baldío, habitado por chaparrales, venados y tigres. Alejandro Unseín era el dueño de todas esas tierras que iban desde Castillito, pasando por Alta Vista, Los Olivos, Toro Muerto hasta llegar a la empresa Ferrominera Orinoco.

La empresa estadounidense Orinoco Mining Company, luego de haber realizado los estudios pertinentes y conocer la rentabilidad de la zona, envió una comisión para negociar la compra de estos terrenos. Los estadounidenses estaban dispuestos a pagar hasta diez millones de bolívares. Don Alejandro Unseín, por su parte, había pensado un precio por la venta, pero lo mantenía en secreto en espera del día de la negociación.

Llegado ese día, se reunieron Unseín, sus asesores y los estadounidenses en medio de un clima de tensión y expectativa.

-“Nosotros esperar por su oferta señor Unseín”, dijo uno de los norteamericanos.

Alejandro Unseín, temeroso de que su oferta fuese muy elevada y por lo tanto el negocio no se concretara, dijo:

-“Bueno, yo aspiro por los terrenos medio millón de bolívares. ¿Les parece bien?”.

Los norteamericanos quedaron perplejos cuando oyeron el monto. Estaban dispuestos a pagar diez millones y les estaban pidiendo quinientos mil. Astutamente guardaron compostura. Litigaron un poco para no dejar al descubierto su asombro y, al final, cerraron la negociación.

No llegó a imaginarse Alejandro Unseín lo que en pocos años llegarían a convertirse estas tierras donde hoy se desarrolla la pujante Puerto Ordaz.

26 agosto, 2010

La UNEG tiene dos partidas de nacimiento


La Universidad Nacional Experimental de Guayana tiene dos partidas de nacimiento. La primera tiene por fecha 1896, año en el cual el Colegio Federal de Guayana, regentado por el sabio Ramón Isidro Montes, pasó a la categoría de Universidad. En esta primera universidad se formaron médicos, abogados, agrimensores y filósofos. Notables personajes de Ciudad Bolívar de finales del siglo XIX se instruyeron en sus aulas, ubicadas al frente de la plaza Bolívar, en la hoy llamada Casa del Congreso de Angostura. Años después, en 1904, el presidente Cipriano Castro decide disminuir el gasto de la nación cerrando varias universidades, entre ellas la de Guayana.
Durante el siglo XX hubo algunos intentos por refundar la universidad. Finalmente, es en 1982 cuando se reinaugura la Universidad de Guayana, para continuar brindando así educación y conocimiento a la región. Por esta razón decíamos que la Universidad Nacional Experimental de Guayana tiene dos partidas de nacimiento: 1896, año de fundación, y 1982, año de su refundación.