04 diciembre, 2010

Estampitas guayanesas


La antigua prisión de Ciudad Bolívar, ubicada en el paseo Orinoco, fue un edificio aterrador, sede de torturas, enfermedades y muertes. Varios dictadores que gobernaron nuestro país la utilizaron como reclusorio y campo de concentración para callar las voces disidentes. Por sus celdas pasaron cientos de venezolanos, entre los que podemos mencionar a Rufino Blanco Fombona, Alfredo Arvelo Larriva, José Agustín Catalá, Eduardo Gallegos Mancera y Simón Alberto Consalvi, entre otros. Uno de los tantos venezolanos que sufrió los horrores de la prisión y la tortura fue Guillermo Castillo Bustamante. Arrestado por el simple delito de militar en el partido Acción Democrática, este músico nacido en Caracas en 1910 fue a parar a las manos de la Seguridad Nacional, policía política de Pérez Jiménez. A pesar de las torturas, Guillermo Castillo no delató a sus compañeros de partido y los esbirros recurrieron al arresto de su esposa. Su hija Inés quedó sola, al cuidado de algunos amigos y conocidos, y era ella quien le escribía y le mantenía informado acerca del estado de su familia. Por casualidad del destino, un viejo y destartalado piano, llevado por Monseñor Bernal a la prisión, fue reparado por Guillermo Castillo y en él compuso uno de los boleros más hermosos del mundo. La letra de la canción expresa la angustia de Guillermo Castillo Bustamante por el retardo de las cartas de su hija Inés. Como en una súplica anhelante, dice la letra: “Me hacen más falta tus cartas que la misma vida mía, y aunque sean tonterías, escríbeme, escríbeme”.
Así nació, en 1953 y a orillas del Orinoco, el bolero “Escríbeme”.

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Es poco conocido que en el estado Bolívar existe una obra de Gustavo Eiffel, ingeniero francés que construyó la famosa torre parisina que lleva su mismo nombre. En la troncal 10, que conduce hacia el Parque Nacional Canaima, puede observarse sobre el río Cuyuní un viejo puente de hierro colgante, de impresionante belleza, digno de ser considerado como una joya de la ingeniería y la arquitectura.
Algunas versiones cuentan que el puente iba a ser llevado desde Francia hacia Perú, pero el capitán del barco que lo trasladaba se equivocó y lo trajo a Venezuela. Otros dicen que el barco encalló en nuestro país y el puente, que tenía otro destino, fue desembarcado y usado, a finales del siglo XIX, para el paso sobre el río El Sombrero, en el estado Guárico.
Años más tarde, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez, fue desarmado, recortado y traído hasta el río Cuyuní, donde actualmente permanece.
El puente está hoy en desuso, a un lado de la vía, lleno de malezas y con la posibilidad de caer en el río y perderse para siempre.
La posesión del puente está en disputa pues el gobierno francés exige la devolución de la obra para ser exhibida; la población de El Dorado pide sea restaurado para que sea convertido en atracción turística, y Edelca, por su parte, plantea la posibilidad de usarlo para unir el Parque La Llovizna con el Parque Loefling.
Es urgente que preservemos este puente para la memoria cultural de nuestros pueblos.

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El concurso del Miss Venezuela se ha convertido en uno de los espectáculos más vistos y comentados de nuestro país y ha calado de tal manera en la vida de los venezolanos que ha pasado a ser una práctica cultural que nos identifica ante el mundo. Sólo basta con preguntar a un extranjero lo que conoce de nuestro país y de seguro responderá, sin pensarlo mucho, que Venezuela es tierra de petróleo y de misses.
El primer concurso del Miss Venezuela se realizó en el año de 1952 y, para orgullo de los guayaneses, la ganadora de ese evento fue la señorita Sofía Silva Inserry, representante del estado Bolívar. De 23 años, con un metro sesenta y tres centímetros de altura y un peso de cincuenta y seis kilos, Sofía, nacida en 1929 en El Palmar, fue elegida como Señorita Bolívar y apenas dispuso de una semana para comprarse ella misma su traje para el concurso, maquillarse y presentarse en Caracas para el día del magno evento.
El recato y el pudor en la Venezuela de esos años motivaron a que varias de las concursantes desistieran a desfilar en traje de baño; sin embargo, Sofía Silva Inserry no tuvo reparos y mostró su exuberante belleza ante el jurado calificador. Varias comunidades religiosas protestaron con la intención de impedir el concurso y publicaron avisos por la prensa acerca del supuesto carácter pecaminoso del evento.
Ignorando las adversidades y siempre con el apoyo de su familia, Sofía partió 15 días después hacia California, Estados Unidos, a representar a Venezuela en el Miss Universo.
Sofía Silva Inserry, nuestra primera miss Venezuela, hija ilustre de Tumeremo, fue y será por siempre símbolo de la bella mujer guayanesa.

2 comentarios:

  1. Sobre el puente, opino que debería ser usado por Edelca en los parques de la ciudad, así se aseguraría el mantenimiento del mismo!!! Es importante preservarlo...

    Saludos, me gusta mucho estampitas guayanesas :)

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  2. Anónimo10:00 p.m.

    Por ese puente pasé varias veces cuando fui a Puerto Ordaz!!! Es impresionante!! Me gusto la ciudad,pero no el calor!! Por cierto Don Diego, nunca fue a visitarme al hotel. Siempre tan ocupado!!

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