08 octubre, 2012

El perdido reino de la infancia


Fue dicho antes por un viejo pensador y, además, lo hemos oído tanto que parece ya un oxidado e inservible lugar común: "para ser filósofo, hay que ser como un niño". Más que la razón y el lenguaje hermético, lo que guía el quehacer del filósofo es la creatividad y la mirada inédita sobre el mundo. El niño, como el filósofo, ve las cosas como si las estuviera viendo por vez primera, con los ojos de asombro necesarios para dar color a esta acuarela llamada mundo.
Por ello deseamos constantemente regresar a la Ítaca de nuestra infancia, a recuperar esa sabiduría en el mirar que nos haga posible todo lo que soñamos.
Aquí Toquinho nos lo recuerda una vez más con su preciosa canción.

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