05 marzo, 2010

Instantáneas

Pancho acostumbraba guardar sus metras en una botella de refresco. Blancas, azules, verdes, rojas, amarillas; así, amontonadas y vistas a contra luz, semejaban un racimo de uvas dispuesto a ofrecer sus jugos.

Todos los días aumentaba el número de metras que entraba a la botella. Es que Pancho tenía una puntería envidiable. El cerrar un ojo, sacar la punta de la lengua y toda la fuerza concentrada en su pulgar hacían disparar la metra como si fuera una bala salida de la magnum de Harry el Sucio. Donde Pancho ponía el ojo, ponía la metra.

Cada vez que podía, Pancho mostraba orgulloso su botín e inmediatamente causaba envidia y admiración entre los niños de la cuadra. Boquiabiertos ante tanto resplandor acumulado, retaban a un juego a Pancho con la esperanza de despojarle de algunas de esas relucientes metras. Era inútil. Una tras otra, nuevas metras entraban por el estrecho cuello de la botella.

Ya la botella había llegado a su tope.

Una tarde Pancho se dio cuenta de su desgracia. Quería contar sus metras y no pudo. La última metra ganada, que coronaba el pico de la botella, había atascado la salida. La botella era ahora un trofeo inútil que le recordaba los límites de la felicidad.

Sí, a contraluz, semeja un racimo de uvas...

3 comentarios:

  1. Con la hermosura de la sencillez me recordó una infencia casi olvidada... Gracias

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  2. Sí, recordé algo de mi infancia. Lamentablemente, en el juego de las metras yo nunca hubiera podido llenar botella alguna, a diferencia de Pancho. Por otra parte, nunca sentí el impulso de coleccionar trofeos. Pero, reflexionando en general, ¡cuántos trofeos inútiles se atesoran durante toda la vida, dándoles un valor que no tienen!

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  3. Anónimo11:46 a.m.

    Muy hermoso Don Diego. Si, cierto, es un relato que tiene el poder mágico de volverte a la infancia, aún cuando no se haya jugado metras. El deseo de atesorar desde la niñez no creo que sea del todo por "poseer algo", una buena parte es mas bien el deseo de amar. Así se comienza... por las pequeñas cosas. Un abrazo

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