15 marzo, 2008

¿El fin de la ideología?

Recuerdo la frenética moda, siempre recurrente, de algunos pensadores apocalípticos que nunca perdían oportunidad de anunciar el cese definitivo de los procesos culturales de la humanidad. Cual predicadores fervorosos, decretaban el fin del libro, del autor, de la historia...
De todos esos anuncios necrológicos, el del fin de las ideologías desató páginas y polémicas que alimentaron la hoguera de la controversia intelectual. A mi mente vienen unos artículos sobre el tema, unos maravillosos de Arturo Úslar Pietri, y alguna frase espléndida de Rafael Cadenas en su libro "Anotaciones".
Se decía por aquel entonces que la humanidad ya no tenía banderas, ni guías, ni posiciones que defender ya que como había cesado la confrontación política entre EE.UU. y la URSS, pues el único dilema de la humanidad era de ahora en adelante el desarrollo de su propia libertad.
Este argumento era ilustrado, en parte, con la comparación de los estudiantes universitarios contemporáneos con los de las décadas de los sesenta y setenta, ejemplo según el cual éstos adoptaban una constante actitud de crítica y combate, a diferencia de aquéllos, los estudiantes de hoy, para quienes la única preocupación consiste en su cerrado mundo de intereses particulares. De ese argumento surgió la desdichada frase: "la generación boba", frase que intentaba identificar a la vacuidad del pensamiento estudiantil.
Toda esta retahíla de palabras viene por la noticia que hace poco días vi por televisión. El deportista olímpico Haile Gebrselassie, maratonista etíope y record mundial en su especialidad, rechazó participar en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 por los altos niveles de contaminación de la ciudad donde se desarrollará la competencia. En la decisión tomada por Gebrselassie no encontramos ninguna postura política, ninguna conciencia ambiental, ningún llamado de urgencia para revertir la situación. Las únicas palabras del maratonista que explican su decisión son las siguientes: "La polución en China es una amenaza para mi salud y me será difícil correr 42 kilómetros en mi condición". Nada más. La razón es sencilla: el famoso deportista no correrá en Pekín porque le puede dar asma. Una oportunidad de oro desaprovechada para seguir con la lucha por el ambiente.
Ha triunfado nuevamente el individualismo...

1 comentario:

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