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25 agosto, 2008
18 agosto, 2008
Un libro en el lugar equivocado

Esta tarde, entre los anaqueles de una librería, la intriga me invadió al hallar un libro en un lugar equivocado: encontré la "Metafísica" de Aristóteles en la sección de autoayuda. Ese hecho -en apariencia inocente y superficial- había iniciado en mí una larga reflexión. Cual Auguste Dupin en busca de la carta robada, comencé a buscar las posibles causas del incidente: ¿Un empleado de librería al que le gusta leer poco y que relacionó la "Metafísica" de Aristóteles con la de Conny Méndez? ¿Un simple problema de espacio que hizo compartir anaquel a "El caballero de la armadura oxidada", "El buho que no podía ulular" con el estagirita?
Inmediatamente evoqué una frase de Iuri Lotman que me costó entender tanto en mis estudios de postgrado. Lotman, el reconocido semiótico de la cultura, habría afirmado en un artículo titulado "El texto y la estructura del auditorio", de 1977, lo siguiente:
"Es evidente que, cuando no coinciden los códigos del remitente y el destinatario (y la coincidencia de éstos sólo es posible como suposición teórica, nunca realizable a plenitud absoluta en el trato práctico), el texto del comunicado se deforma en el proceso de su desciframiento por el receptor".
Si, según Lotman, todo texto es irremediablemente "deforme", pues la conclusión es que cada lector hace con los textos lo que su comprensión le sugiera. De ahí la polisemia, la cual reviste de múltiples significados a la literatura.
Cada vez que un lector pasa sus ojos por las líneas de un libro, en ese mismo momento reelabora la obra que ha abandonado el primer autor.
La literatura se reescribe permanentemente y quizás por eso la "Metafísica" de Aristóteles aún no ha dicho todo lo que tiene que decir. No existe, por lo visto, obra definitiva.
05 agosto, 2008
19 julio, 2008
Boletín del CIELA

Para leer el boletín, haz clic sobre la imagen
ÍNDICE
7
Presentación
Rosix Rincones, Roger Vilain, Diego Rojas Ajmad
y Alvaro Molina D’Jesús.
11
La literatura regional en el contexto de la globalización
Gregory Zambrano
27
Ética universal y derechos humanos
Roger Vilain
37
La necesidad de reconocimiento: ¿motor de la acción política?
Alvaro Molina D’Jesús
63
De cómo el Licenciado en Letras, siendo y no siendo, constituye una
prueba para demostrar la existencia del limbo
(Aproximación a su perfil axiológico y teleológico)
Diego Rojas Ajmad
73
Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes (CIELA)
17 julio, 2008
UNEG inaugura centro de investigación de literatura y arte
Cinco profesores emprendedores y con ganas de difundir conocimientos sumaron esfuerzos para lograr lo que hoy es el Ciela, un lugar para el encuentro de las ideas. Como parte del crecimiento y las aspiraciones por alcanzar un conocimiento integral se abrió la sede del Centro de Investigaciones y Estudios de Literatura y Artes (Ciela) en el módulo II de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG). Este lanzamiento pretende ser el punto de encuentro de la diversidad en beneficio de la cultura humanística de los guayaneses.
Roger Vilain, coordinador del centro, expresó que "las expectativas son llenar cierto vacío que existe, no solamente en la región Guayana sino en el Oriente del país en relación con los estudios en ciencias sociales, en arte, en filosofía, y tratar entonces de producir conocimiento desde acá, publicar, dialogar con nuestros pares de otros institutos y tratar de ofrecer un espacio para el debate el intercambio de ideas, en relación con los quehaceres humanísticos".
Dicho espacio cuenta con la participación de los profesores Álvaro Molina, Diego Rojas, Fabiola Mendoza y Diana Gámez, que fue invitada a formar parte de este selecto grupo de emprendedores, que sueñan con darle al patrimonio de la universidad y la ciudad nuevos conceptos basados en una previa indagación.
Gran corazón
Por su parte Diego Rojas, miembro del Ciela, dijo que "estamos dando un paso más para la consolidación de la UNEG como una verdadera universidad, en el sentido de que la UNEG debe tener una formación integral del individuo no solamente en lo científico y tecnológico, sino también en lo humanístico; en este sentido el Ciela busca consolidar la investigación en literatura, arte y sobre todo tratar de que el guayanés se conozca en ese lado humano, no sólo se conozca por el lado científico y tecnológico, que se entienda que el guayanés también tiene un corazón".
Simultánea a la apertura de la sede del Ciela se hizo la presentación de un boletín informativo, el cual recoge investigaciones destacadas de los profesores. Vilain indicó con respeto a esto que "ese boletín recoge los avances de investigación de los diferentes investigadores de planta en el centro, y es un boletín que pretende erigirse como una publicación anual, que va a mantenerse en el tiempo con la idea de dar a conocer todos los avances en materia de investigación".
El coordinador explicó que esta sede no sólo es para el uso de los estudiantes y profesores de la UNEG, al contrario, pretenden que se abra a todos aquellos que quieran unirse a esta causa en beneficio del conocimiento.
También se le hizo un llamado a las distintas instituciones para que si desean colaborar puedan hacerlo acercándose hasta la casa de estudios. Sería de mucha utilidad para los investigadores material bibliográfico especializado en literatura y arte.
15 julio, 2008
Orígenes venezolanos

Selección, prólogo y cronología: Gregory Zambrano
Bibliografía: Gregory Zambrano y Yely Soler
Páginas: LXII + 762
País: Venezuela
Nº 244
La perspectiva de historiador de Arístides Rojas lo pone en el camino de comprender los procesos de la manera más exhaustiva posible. La mayor parte de sus monografías son pioneras en el sentido de organizar por primera vez la información, ofrecer la documentación que sustenta la explicación histórica, lo cual le otorga en el sentido historiográfico su impronta fundacional. De una manera novedosa establece un modelo de propuesta bibliográfica que combina, en un mismo volumen, el conjunto de recreaciones históricas, cargadas de sus elementos creativos, plenas de su propio estilo literario y las hace acompañar con los documentos que le sirvieron de base. Los “orígenes venezolanos” están asentados sobre esas investigaciones y sobre el acervo documental que le sirvió de hipotexto. En ellas se encuentra el germen de las que habrían de sucederse, tratando de dar explicación científica a los hechos del pasado y sobre todo, aportando sustentación documental para comprender e interpretar su presente. La Venezuela que ausculta, se ha reconstruido ante sus ojos a partir de los vestigios de una espacialidad y una temporalidad que corresponden a una sociedad ya desaparecida.
Páginas: LXII + 762
País: Venezuela
Nº 244
La perspectiva de historiador de Arístides Rojas lo pone en el camino de comprender los procesos de la manera más exhaustiva posible. La mayor parte de sus monografías son pioneras en el sentido de organizar por primera vez la información, ofrecer la documentación que sustenta la explicación histórica, lo cual le otorga en el sentido historiográfico su impronta fundacional. De una manera novedosa establece un modelo de propuesta bibliográfica que combina, en un mismo volumen, el conjunto de recreaciones históricas, cargadas de sus elementos creativos, plenas de su propio estilo literario y las hace acompañar con los documentos que le sirvieron de base. Los “orígenes venezolanos” están asentados sobre esas investigaciones y sobre el acervo documental que le sirvió de hipotexto. En ellas se encuentra el germen de las que habrían de sucederse, tratando de dar explicación científica a los hechos del pasado y sobre todo, aportando sustentación documental para comprender e interpretar su presente. La Venezuela que ausculta, se ha reconstruido ante sus ojos a partir de los vestigios de una espacialidad y una temporalidad que corresponden a una sociedad ya desaparecida.
08 julio, 2008
27 junio, 2008
31 mayo, 2008
El libro como lujo
Ahora resulta, como antaño, que el libro es un artículo de lujo. Durante la colonia venezolana la escasez de libros hacía de sus dueños personas con distinción y alcurnia: la posesión de un libro era símbolo de prestigio. Hoy, el libro vuelve a ser signo de distinción debido a la administración del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio y Cadivi: los libros fueron eliminados como artículos de primera necesidad y pasaron a la lista de artículos de lujo. Los libros entonces forman parte, según resolución publicada en Gaceta oficial del 03 de marzo de 2008, de los productos de importación que deben pasar por un largo y estorboso proceso de documentación que retrasa el cambiante y proteico comercio del libro. Junto al agua mineral y el uranio, entre otros productos, el libro importado tendrá como mínimo que pasar cuatro meses de espera por los dólares solicitados para su compra.
Esta medida, a todas luces ilógica y demencial, no tiene argumento posible que excuse a los funcionarios del ministerio. De mantener la restricción a la importación de libros, Venezuela aumentará la brecha temporal, ya de por sí enorme, entre el momento que se edita un libro en cualquier otro punto del planeta y su posible llegada a nuestro país. Por esa vía llegaremos a un autismo cultural que nos impedirá el contacto con nuestros semejantes.
Esta misma mala decisión de un gobierno la sufrió el pueblo mexicano el año de 1975. Con la excusa de incentivar la industria editorial nacional, el gobierno mexicano decretó la restricción a la importación de libros. Ante tal exabrupto Octavio Paz, Carlos Monsivais, Gabriel Zaid, Salvador Elizondo y la mayor parte de la intelectualidad mexicana comienzan una campaña de protesta que a los pocos meses hizo torcer el brazo al gobierno para revocar la medida y dejar por sentado un "contradecreto" que obligaba al Estado a la perpetua defensa del libro como bien cultural universal.
Sumando voces de protesta puede lograrse lo imposible... Y lo imposible, en este caso, es hacer entender al mundo que los libros son tan necesarios como el agua, la electricidad, el alimento, la salud...
Los libros no son un lujo; no señor.
Los libros no son un lujo; no señor.
23 mayo, 2008
El Chiquichiqui
Este video viajará por ondas electromagnéticas a través del infinito universo. Al llegar a la estrella más cercana a nuestro planeta, a 4 años luz, una civilización avanzada logrará captar y descifrar el mensaje que, cual botella en el mar, los terrícolas enviaron como pretexto para el primer contacto.
Una flota de aeronaves surcará el espacio rumbo al planeta Tierra con un discurso de paz preparado por los lingüístas extraterrestres.
Un "chiquichiqui" será lo primero en oirse cuando ocurra el encuentro.
10 mayo, 2008
Generación Y

Había oído hace pocos días la información acerca de una filóloga cubana que fue nominada por la revista Times como una de las 100 personas más influyentes del mundo, ello por su decidido espíritu bloguero de expresar libremente su posición, vía electrónica, desde la isla de Cuba. En Madrid fue elegida como ganadora del Premio Ortega y Gasset 2008, mención periodismo digital, pero los funcionarios cubanos le negaron el permiso para ir a recibir el premio.
Estos datos me motivaron a revisar el blog de la cubana y averiguar por mis propios ojos la razón de tanta polémica y discordia. El resultado fue el hallazgo de un excelente blog llamado Generación Y, el cual recomiendo visitar para apreciar la realidad latinoamericana desde otros puntos de vista.
09 mayo, 2008
Para una epistemología de la literatura

La revista Investigación, editada por el CDCHT de la Universidad de Los Andes (Mérida-Venezuela), en su edición número 14 correspondiente al segundo semestre del año 2006, publicó un dossier sobre el Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” de la ULA. Allí, en una serie de entrevistas con los protagonistas del quehacer investigativo de esa institución, se desliza una polémica que gira en torno al modo de hacer ciencia en el campo humanístico. Veamos.
El profesor Víctor Bravo, miembro del Instituto y reconocido investigador, delimita sus gustos y orientaciones metodológicas de la siguiente manera:
En mi gestión (2001-2003) traté de mantener abiertas todas las puertas, pero naturalmente uno apunta hacia su postura dominante, por tanto, la vinculación literatura-filosofía, tuvo gran importancia. Me parece que actualmente, sin tener un conocimiento completo de lo que se está haciendo, hay una dominante de los estudios culturales, paraliterarios. Esta percepción viene de Estados Unidos, se desarrolló durante un tiempo de manera muy fuerte en el Doctorado de la Universidad Simón Bolívar, luego en la Universidad Central de Venezuela. Creo que ésta es una visión de la literatura importante, pero estrecha, la he valorado y cuestionado mediante un ensayo publicado en varias revistas de Estados Unidos y Europa, titulado “¿Postcoloniales, nosotros? Límites y posibilidades de las teorías postcoloniales”, disponible en Internet.
Ante estas palabras, la investigadora Carmen Díaz Orozco responde:
Es un punto de vista que respeto, sin embargo, no estaría tan de acuerdo. Al menos no en lo que a mí concierne, porque si mi interés es vincular las artes y la literatura es inevitable que el proceso me obligue a abordar la cultura. Es verdad que hay esta directriz, pero no sólo en el Instituto, también en el ámbito internacional hay una tendencia hacia los Estudios Culturales. Creo que eso es sano. Porque, finalmente ¿qué es la literatura? Es tratar de representar lo humano, y ¿lo humano no tiene que ver con la cultura? Entonces por qué establecer compartimientos estancos entre una cosa y otra. Hablar de literatura es hablar de cultura. Divorciar ambas cosas es atentar contra los procesos culturales que dan cabida a las expresiones literarias; es mi particular punto de vista. ¿Cómo hablar de la literatura del Siglo XIX sin pensar en la sociedad, en la cultura, en la imagen y en el arte que, en ese contexto, eran procesos mancomunados? No podemos ponernos unas gríngolas para sólo ver lo literario, sería, a mi juicio, desentender la totalidad del proceso.
En el fondo, esta polémica es de por sí un falso problema, pues la disyuntiva que se presenta es de diversidad de enfoques metodológicos aplicados al estudio de la literatura. La ciencia en general, y en ella se incluyen los estudios literarios, fundamenta sus procedimientos y concepciones sobre la base de tres perspectivas epistemológicas: la racionalista, la empirista y la vivencialista.
Estudiar la literatura desde un enfoque racionalista consiste en observar el objeto de estudio como un hecho universal, como una pieza del lego de los valores y esencias autárquicas que no dependen de contextos, lenguas ni autores. La posición de Víctor Bravo es racionalista.
Intentar comprender la literatura desde la perspectiva empirista, es verla como un producto cultural, identificada plenamente con su contexto, del cual le debe su definición y peculiaridad mismas. Carmen Díaz es empirista.
Un tercer enfoque, ausente por lo visto de las actividades del Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, es el del estudio vivencialista de la literatura. En él, se parte de conceptos como “sentimiento”, en vez de “comprensión”; se ve a la literatura como una actividad que permite conocernos, pero que para acceder a ese “conocimiento” se requiere de la participación de la literatura como un lector apasionado, o como un escritor más. Me atrevería a incluir a María Fernanda Palacios en este enfoque.
Estos tres enfoques epistemológicos, el racionalista, el empirista y el vivencialista, condensan todas las posibilidades de investigación, irreconciliables en sus fundamentos, pero necesarias todas ellas para entender el universo desde todos sus ángulos.
El profesor Víctor Bravo, miembro del Instituto y reconocido investigador, delimita sus gustos y orientaciones metodológicas de la siguiente manera:
En mi gestión (2001-2003) traté de mantener abiertas todas las puertas, pero naturalmente uno apunta hacia su postura dominante, por tanto, la vinculación literatura-filosofía, tuvo gran importancia. Me parece que actualmente, sin tener un conocimiento completo de lo que se está haciendo, hay una dominante de los estudios culturales, paraliterarios. Esta percepción viene de Estados Unidos, se desarrolló durante un tiempo de manera muy fuerte en el Doctorado de la Universidad Simón Bolívar, luego en la Universidad Central de Venezuela. Creo que ésta es una visión de la literatura importante, pero estrecha, la he valorado y cuestionado mediante un ensayo publicado en varias revistas de Estados Unidos y Europa, titulado “¿Postcoloniales, nosotros? Límites y posibilidades de las teorías postcoloniales”, disponible en Internet.
Ante estas palabras, la investigadora Carmen Díaz Orozco responde:
Es un punto de vista que respeto, sin embargo, no estaría tan de acuerdo. Al menos no en lo que a mí concierne, porque si mi interés es vincular las artes y la literatura es inevitable que el proceso me obligue a abordar la cultura. Es verdad que hay esta directriz, pero no sólo en el Instituto, también en el ámbito internacional hay una tendencia hacia los Estudios Culturales. Creo que eso es sano. Porque, finalmente ¿qué es la literatura? Es tratar de representar lo humano, y ¿lo humano no tiene que ver con la cultura? Entonces por qué establecer compartimientos estancos entre una cosa y otra. Hablar de literatura es hablar de cultura. Divorciar ambas cosas es atentar contra los procesos culturales que dan cabida a las expresiones literarias; es mi particular punto de vista. ¿Cómo hablar de la literatura del Siglo XIX sin pensar en la sociedad, en la cultura, en la imagen y en el arte que, en ese contexto, eran procesos mancomunados? No podemos ponernos unas gríngolas para sólo ver lo literario, sería, a mi juicio, desentender la totalidad del proceso.
En el fondo, esta polémica es de por sí un falso problema, pues la disyuntiva que se presenta es de diversidad de enfoques metodológicos aplicados al estudio de la literatura. La ciencia en general, y en ella se incluyen los estudios literarios, fundamenta sus procedimientos y concepciones sobre la base de tres perspectivas epistemológicas: la racionalista, la empirista y la vivencialista.
Estudiar la literatura desde un enfoque racionalista consiste en observar el objeto de estudio como un hecho universal, como una pieza del lego de los valores y esencias autárquicas que no dependen de contextos, lenguas ni autores. La posición de Víctor Bravo es racionalista.
Intentar comprender la literatura desde la perspectiva empirista, es verla como un producto cultural, identificada plenamente con su contexto, del cual le debe su definición y peculiaridad mismas. Carmen Díaz es empirista.
Un tercer enfoque, ausente por lo visto de las actividades del Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, es el del estudio vivencialista de la literatura. En él, se parte de conceptos como “sentimiento”, en vez de “comprensión”; se ve a la literatura como una actividad que permite conocernos, pero que para acceder a ese “conocimiento” se requiere de la participación de la literatura como un lector apasionado, o como un escritor más. Me atrevería a incluir a María Fernanda Palacios en este enfoque.
Estos tres enfoques epistemológicos, el racionalista, el empirista y el vivencialista, condensan todas las posibilidades de investigación, irreconciliables en sus fundamentos, pero necesarias todas ellas para entender el universo desde todos sus ángulos.
06 mayo, 2008
El hombre escindido (y II)
Para el amigo Luis
Pero el problema no sólo pervive en el imaginario de los estudiantes universitarios. Hace poco, por ejemplo, cayó en mis manos la revista Reportajes, publicación del Instituto de Investigaciones en Biomedicina y Ciencias Aplicadas de la Universidad de Oriente. En su tercer número, de finales del 2007, la revista presenta un conjunto de informaciones sobre el quehacer de la investigación universitaria. En la página 26 de Reportajes encontré una opinión del Dr. Fulgencio Proverbio, jefe del Laboratorio de Bioenergética Celular del IVIC, que me hizo fruncir el ceño. En la breve entrevista titulada "En el país hay buenos científicos, pero son muy pocos", el Dr. Proverbio explica la razón por la cual existen pocos científicos en Venezuela:
La falta de interés de los estudiantes por las carreras científicas. Para ilustrar esta afirmación, Proverbio mostró cifras que indican, entre otras cosas, que para el año 1980 había 300.902 estudiantes universitarios, pero sólo el 2,5% cursaban Ciencias Básicas, mientras que en carreras como Ciencias Sociales el porcentaje era de 30,20%. Asimismo, para el año 1999 había 707.568 estudiantes universitarios, de los cuales el 1,2% cursaban Ciencias Básicas, entretanto el 40,40% se formaba en Ciencias Sociales.
Aquí estamos frente al mismo dilema antes planteado de considerar a las Ciencias Sociales, y a las humanidades, como un seudoconocimiento, como un simulacro de investigación que no alcanza la rigurosidad de las ciencias "duras". En mi opinión, es tan científico el que estudia la Literatura, el Arte o la Sociedad como el que viste de bata y vive rodeado de tubos de ensayo y cables. Quizás posean métodos y fundamentos epistemológicos distintos, pero ambos buscan la comprensión de los fenómenos que nos rodean.
Esta representación de las ciencias y las humanidades no es exclusiva de nuestro país. En España, por poner un ejemplo, encontramos en el periódico “Hoy”, del 24 de abril de 2007, una carta enviada a la redacción escrita por Juan Carlos López Santiago. La misma dice:
Hoy en día se consideran cultos a aquellas personas versadas en Historia y que saben de batallitas, los conocedores del Arte en todas sus manifestaciones, pintura, arquitectura, y además, los que escuchan la 'gran música' y diferencian a Schumann de Shubert o Stravinsky de Prokofiev, por ejemplo. Son cultos aunque no tengan ni idea de física, química o matemáticas. Sin embargo, los que nos hemos decantado por las ciencias también sabemos de humanidades, puesto que éstas se aprenden a lo largo de la vida, pero al contrario no se cumple: los que rebuznan o ladran en ciencias siempre lo harán, puesto que éstas no se aprenden en el curso de la vida, más bien al contrario, se olvidan. Además, el aprendizaje científico conlleva un esfuerzo que está a años luz del que se requiere para las humanidades.
El conocimiento de historia, filosofía o arte no digo que sea malo, incluso es más gratificante que el científico porque es más fácil, pero ¿en qué grado redunda en la sociedad? Lo que nos facilita la vida, lo que realmente genera progreso es la ciencia, nos guste o no nos guste. Quizás estén menospreciadas porque es un saber que solamente está al alcance de una élite y los que atesoramos ese conocimiento somos envidiados. Dejemos de etiquetar de cultos exclusivamente a los humanistas y reconozcamos que hay un conocimiento superior, el científico, reservado a unos pocos.
Esta “perlita” de carta fue respondida días después por el profesor Natán Guijarro, respuesta que merece ser leída en su totalidad:
En la sección de Cartas a HOY de 24 de abril se publicó una referente al concepto de cultura y quién puede arrogarse ser definido como culto o no. El firmante, el Sr. López Santiago, apela a prejuicios recurrentes en una visión maniquea entre 'ciencias' y 'humanidades', dando a entender que las primeras son 'científicas' y las segundas no. Tal vez desconozca que, según la Teoría de la Ciencia, las ciencias se dividen en tres grandes grupos: ciencias exactas, experimentales y humanas, teniendo todas ellas el carácter de 'científico'. Tan científicas son las Matemáticas o la Física como la Historia o la Sociología, por poner algunos ejemplos.
Habla, con notable desprecio, de los que «rebuznan o ladran en ciencias», olvidándose que lo mismo hacen los que rebuznan o ladran en ciencias humanas. Dice, asimismo, que el aprendizaje 'científico' está a años luz del de las humanidades. ¿En qué datos se basa? ¿Sabe, por ejemplo, la ingente cantidad de bibliografía que debe manejar un alumno que estudia Historia? ¿O los datos 'científicos' que debe estudiar para entender un simple estudio sobre un yacimiento arqueológico?La afirmación sobre la presunta 'facilidad' para aprender conocimientos humanísticos muestra nuevamente su desconocimiento del tema: Las ciencias humanas no se limitan a 'empollar' una serie de conocimientos sin aplicación práctica; hay que relacionarlos con conocimientos anteriores, insertarlos en su contexto, estudiar diversos puntos de vista..., tal como en las ciencias experimentales.Por otro lado, sí le reconozco que tal vez pueda ser más 'útil' en un momento dado descubrir la vacuna contra el cáncer, pero no por ello se puede afirmar gratuitamente que «lo que realmente da progreso es la ciencia». Ciertamente hay muchos intereses económicos envueltos que pueden enriquecer a unos cuantos, pero de qué vale todo ello si todavía no hemos aprendido a convivir con los demás, a respetar y tolerar las diferencias, evitando la guerra como única arma frente al diálogo y el entendimiento. ¿Es eso realmente progreso? Creo que no.
Además, su afirmación de que los que «se han decantado por las ciencias también saben de humanidades» resulta petulante. Podrá tener unos conocimientos básicos, pero no los instrumentos científicos para obtener una visión global, científica de un asunto. El hecho de que personalmente conozca muchos términos médicos no me convierte en médico, aunque sí me ayude a entender aspectos básicos de medicina.
Por último, las ciencias, todas, exactas, experimentales y humanas están al alcance de todos, al menos en España y no de una élite. Sin embargo, sí que resulta llamativo que en las élites de poder suelen estar ocupadas por profesionales del Derecho, Relaciones internacionales y otras ciencias humanas, no por f'ísicos ni matemáticos. En todo caso, lejos de querer atizar aquí una polémica entre distintas ciencias, reivindico el papel de la interdisciplinariedad, que parece que el señor López Santiago desconoce, es decir, la relación entre las distintas ciencias que, como sabrá, no son compartimentos estancos. Por tanto, el conocimiento es eso, conocimiento, sin categorías por prejuicios académicos que no llevan a ninguna parte.
Vemos entonces que la idea de separar las actividades científicas y humanísticas y darle superioridad a una por sobre la otra aún sigue viva y coleando. ¿Pero fue siempre así? Si recurrimos a la historia pudiéramos recordar que todo el saber humano se concentraba en una única disciplina llamada “filosofía”. La filosofía agrupaba entonces todo el saber obtenido a través de un esfuerzo racional, siguiendo las pautas de un método filosófico. Todo lo humano y lo divino era el ámbito de la filosofía, por lo que ser filósofo significaba dominar las artes de la astronomía, física, química, biología, política, ética, estética, psicología, matemática, medicina, derecho, música, gramática, geometría... Un filósofo era un aprendiz de brujo, señor en todas las artes.
Pasaron nueve o diez siglos y aún en la Edad Media la filosofía seguía conteniendo la totalidad del saber, a excepción del estudio por lo divino, que se convirtió en ámbito reservado a la Iglesia. Ya para el siglo XVIII d.C., en la era de la Ilustración, o llamado también el siglo de las luces, en contraposición al oscurantismo del medioevo, el conocimiento humano había alcanzado tan alto grado de desarrollo que ya era dificultoso que una sola persona supiese de todo. ¿Cómo conocer de tantas cosas si cada ámbito de conocimiento había acumulado tanto saber y se hacía infinito? Fue entonces cuando cada saber fue abandonando a la filosofía e hizo tienda aparte para desarrollar su conocimiento. Así nacieron las ciencias, y la filosofía, como su madre, fue quedando poco a poco sola, sólo con algunas hijas solteronas: Ontología, Metafísica, Lógica, Teoría del conocimiento, Ética y Estética.
¿Por qué quedaron estas disciplinas en el cobijo de la filosofía? ¿Qué tienen en común para no haber hecho tienda aparte? Quizás resulte más esclarecedor preguntarnos por qué las otras se fueron de la filosofía. ¿Qué tienen en común esas hijas que lograron irse? Pues la matemática, la física, la química, la astronomía, la biología, entre otras, lograron delimitar su objeto de estudio y parcelar su saber para el desarrollo investigativo; es decir, se convirtieron en ciencia. Las disciplinas que aún se mantienen en la filosofía no se han convertido en ciencia pues su metodología les hace imposible mensurar su estudio a través de datos cuantitativos; es decir, no han delimitado su objeto de estudio porque sólo pueden existir reflexionando desde el punto de vista de la totalidad, que es una de las características definitorias de la filosofía.
Este hecho quizás sea uno de nuestros dilemas fundamentales. La visión especializada a la que nos obligó la ciencia y su afán por la profundización del saber, sin tener la visión total de la filosofía, nos sumergió en un desarrollo aberrante, desigual y deshumanizado, cuyo más claro ejemplo lo es la experimentación de la ciencia atómica. Una ciencia atómica sin filosofía no es más que Hiroshima y Nagasaki.
Insistir en separar las ciencias de las humanidades no hará más que profundizar los graves problemas de valores que están fracturando a la sociedad contemporánea. Por esa razón, la educación debe retomar su función de formación integral y olvidar las erróneas ideas de formar a un bachiller en ciencias y otro en humanidades, ahora llamados bachilleres en ciencias naturales y en ciencias sociales. La universidad, en sus planes de estudio de sus diversas carreras, debe hacer otro tanto por unir nuestras dos mitades. Hay que intentar un nuevo regreso hacia esa visión integral del mundo con los llamados paradigmas inter y transdisciplinarios, basados en una nueva, y como hemos visto a la vez ya antigua, manera de pensar.
Para terminar, nada mejor que retomar las palabras de Ángel Rosenblat, quien nos aconseja acertadamente:
El conflicto entre las Humanidades y la Ciencia es un conflicto falso, nacido de pueriles pretensiones de monopolio o de supremacía. Hoy no puede pensarse en unas Humanidades que dejen de lado la grandeza humana de la Ciencia, ni en unas Ciencias tan descarnadas y asépticas que prescindan del aporte del mundo humanístico. Humanidades y Ciencias son vertientes complementarias del espíritu humano, y es urgente abrir amplios vasos comunicantes para que cada campo se fertilice y enriquezca con los tesoros del otro.
03 mayo, 2008
Sobre literatura

"En 1971 apareció un librito de un autor venezolano, Ludovico Silva, El estilo literario de Marx (México: Siglo XXI), que se tradujo al italiano en 1973. Creo que ahora es prácticamente imposible de encontrar y valdría la pena volverlo a imprimir. Silva analizaba minuciosamente toda la obra de Marx, recorriendo también la historia de su formación literaria (pocos saben que escribió también poesías, aunque, según los que las han leído, malísimas)."
Umberto Eco. "Sobre el estilo del Manifiesto". En: Sobre Literatura. España: Random House Mondadori, 2005.
02 mayo, 2008
Historia universal de las piedras
"Dichosa la piedra dura porque esa ya no siente"
Rubén Darío
Cuando llegue el final, las piedras quedarán como únicas sobrevivientes de la hecatombe. Iniciará entonces el desmesurado correr de los siglos para que ellas evolucionen y dominen el planeta. De los instrumentos de madera pasarán a los de metal y, gracias al fuego, podrán moldear la naturaleza según sus designios. Crearán el arte (esencialmente rupestre), la religión (cuyo dios será una roca omnipresente) y las ideologías (que intentarán siempre separar unas piedras de otras).
Las piedras serán los únicos seres vivos que utilicen su inteligencia para la destrucción de sus semejantes. Crearán campos de concentración, que llamarán "canteras", como símbolo de su propia estupidez. Llegarán a un grado excelso de desarrollo tecnológico, pero con un deficiente desarrollo espiritual.
Podrán realizar viajes espaciales y enviarán piedras en la búsqueda desesperada por conseguir piedras en otros planetas; quizás con la intención de no sentirse tan sólos en el universo.
Cuando la incertidumbre, el vacío espiritual y la oquedad existencial dominen a las piedras, el eterno retorno hará accionar la cuenta regresiva de la destrucción.
En ese instante la última piedra, mientras exhala el resto de vida, pensará que de nada sirvieron tantos siglos de cultura, tantos milenios de ciencia y tecnología, para que al final de los tiempos otra especie dominara el planeta.
Todo eso pensaba la piedra mientras se balanceaba en la mano de un niño que intentaba derribar un mango con una pésima puntería.
26 abril, 2008
El hombre escindido
Cada vez que llega a mis oídos la vieja polémica entre las ciencias y las humanidades, cada vez que presencio el sempiterno dilema de determinar la superioridad de una o de otra, recuerdo inevitablemente a Medardo de Terralba, mejor conocido como el Vizconde Demediado. Ese personaje de la literatura italiana, creado a mediados del siglo XX por Ítalo Calvino, representa a un ser humano escindido, víctima de un cañonazo que lo había separado en dos mitades, las cuales se habían salvado de una manera fantasiosa y que, desde ese momento, vivían de manera independiente.
Creer que las ciencias pueden desarrollarse separadamente de las humanidades, y viceversa, es asegurar que el mundo es maniqueo y que el Vizconde Demediado puede aparecerse en cualquier rincón de una supuesta realidad cuadriculada. La modernidad, en su empeño por racionalizar y clasificar el mundo, ha intentado convertir a los seres humanos en Demediados, la razón separada de la pasión, un corazón desvinculado de su cerebro.
Decíamos que la polémica entre las ciencias y las humanidades es vieja y sempiterna aunque, para algunos, es un falso problema ya superado. Sí, es un falso problema que intenta hacer irreconciliable lo que en realidad puede verse como las dos caras de una misma moneda; pero lo que dudamos, y eso lo podemos comprobar de distintas maneras, es que esa falsa oposición haya desaparecido del imaginario social.
Oigamos por ejemplo en los pasillos de la universidad, o en sus cafetines, la velada rencilla entre los estudiantes de ingeniería y los de educación. Los primeros, los de ingeniería, desvalorando los estudios de educación argumentando que eso es muy fácil, que sólo hay que saber cortar foami y pegar cartulina para salir con una excelente nota. Los de educación, por su parte, critican los estudios de ingeniería aduciendo que eso es sólo aprenderse la fórmula y, cual máquina, dar un único resultado; es una profesión para personas carentes de creatividad, nada que una buena calculadora pueda resolver. En esta situación, que se repite en todas las universidades del país, encontramos la idea de una supuesta superioridad de la ciencia por sobre los estudios humanísticos, quedando reservada la racionalidad para la primera y la pasión para la segunda.
En este sentido, el currículo de los estudios científicos desecha toda asignatura que presuma complicidad con las artes, con la literatura, con las humanidades en general. Una materia para aprender a redactar y otra para hablar de la sociedad venezolana son más que suficientes para dar un barniz humanista a las ciencias. En definitiva, la esencia utilitarista de la pedagogía de Dewey, que da valor a lo que tiene aplicación en la realidad, hace de la humanidad una masa acrítica, descorazonada y sin perspectiva de comunión con los semejantes. Mejor lo dice Luis Beltrán Guerrero:
La ciencia –una faceta de la actividad humana- no es educadora; es instructiva. No es formadora de espíritu, es formadora de mentes, nunca de corazones, y menos de la totalidad del ser. La técnica –derivativo de la ciencia- mucho menos podría abrogarse el papel de formadora. Apenas si educadora de la mano, no alcanza a la mente ni al corazón.
Creer que las ciencias pueden desarrollarse separadamente de las humanidades, y viceversa, es asegurar que el mundo es maniqueo y que el Vizconde Demediado puede aparecerse en cualquier rincón de una supuesta realidad cuadriculada. La modernidad, en su empeño por racionalizar y clasificar el mundo, ha intentado convertir a los seres humanos en Demediados, la razón separada de la pasión, un corazón desvinculado de su cerebro.
Decíamos que la polémica entre las ciencias y las humanidades es vieja y sempiterna aunque, para algunos, es un falso problema ya superado. Sí, es un falso problema que intenta hacer irreconciliable lo que en realidad puede verse como las dos caras de una misma moneda; pero lo que dudamos, y eso lo podemos comprobar de distintas maneras, es que esa falsa oposición haya desaparecido del imaginario social.
Oigamos por ejemplo en los pasillos de la universidad, o en sus cafetines, la velada rencilla entre los estudiantes de ingeniería y los de educación. Los primeros, los de ingeniería, desvalorando los estudios de educación argumentando que eso es muy fácil, que sólo hay que saber cortar foami y pegar cartulina para salir con una excelente nota. Los de educación, por su parte, critican los estudios de ingeniería aduciendo que eso es sólo aprenderse la fórmula y, cual máquina, dar un único resultado; es una profesión para personas carentes de creatividad, nada que una buena calculadora pueda resolver. En esta situación, que se repite en todas las universidades del país, encontramos la idea de una supuesta superioridad de la ciencia por sobre los estudios humanísticos, quedando reservada la racionalidad para la primera y la pasión para la segunda.
En este sentido, el currículo de los estudios científicos desecha toda asignatura que presuma complicidad con las artes, con la literatura, con las humanidades en general. Una materia para aprender a redactar y otra para hablar de la sociedad venezolana son más que suficientes para dar un barniz humanista a las ciencias. En definitiva, la esencia utilitarista de la pedagogía de Dewey, que da valor a lo que tiene aplicación en la realidad, hace de la humanidad una masa acrítica, descorazonada y sin perspectiva de comunión con los semejantes. Mejor lo dice Luis Beltrán Guerrero:
La ciencia –una faceta de la actividad humana- no es educadora; es instructiva. No es formadora de espíritu, es formadora de mentes, nunca de corazones, y menos de la totalidad del ser. La técnica –derivativo de la ciencia- mucho menos podría abrogarse el papel de formadora. Apenas si educadora de la mano, no alcanza a la mente ni al corazón.
18 abril, 2008
Buenas nuevas
Ya pasaron los días de abandono para con este blog y la mano, liberada un poco de los tediosos informes y cartas de trabajo, quiere regresar a teclear lo que le provoque. Y ahora que regresa, no quiere dejar pasar la buena noticia del veredicto del Concurso de Cuentos de la Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores. En el concurso premiaron a dos buenos amigos. Felicitaciones y que siga la escritura...
El veredicto le rinde honor a su nombre, y con creces. La edad promedio de los ganadores de los tres premios del Concurso de Cuentos de la Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores, es de 23 años y medio. También resultó notoria la presencia de diversas regiones del país en el cuadro final. En fin, el jurado compuesto por los reconocidos narradores venezolanos Eduardo Liendo, Federico Vegas y Oscar Marcano, otorgó los primeros premios a los siguientes cuentos y autores:
1er lugar: El cuento Curvas, enviado bajo el seudónimo Holden Caulfield, que corresponde a Fabian Alberto Coelho Castro (Mérida)
2do. Lugar: El cuento Noche Blackblue, firmado con el seudónimo A.K.A., el cual resultó ser Jesús Miguel Soto (Caracas)
3er. Lugar: El cuento A la víbora de la mar, suscrito por Pierre Menard, correspondiendo a la joven Yael Farache (Caracas)
También decidió otorgar menciones especiales a los siguientes cuentos y autores (en orden alfabético):
Decálogo del chico bueno, de Scott Anderson García Pacheco (Maracaibo)
El salto, de Leonardo Laverde Botero (Charallave)
Estrategia para matar un gato, de José Antonio Guzmán (Barquisimeto)
La cofradía del dragón, de Julio Alberto Puche Tapia (Maracaibo)
Las lunas de Venus, de Leopoldo Tablante (Caracas)
Los días remotos, de Néstor Luis Bermúdez (Mérida)
Todos estos textos formarán parte del volumen correspondiente a la presente edición del concurso.
Tomado de: El subrayado es nuestro
15 marzo, 2008
¿El fin de la ideología?
Recuerdo la frenética moda, siempre recurrente, de algunos pensadores apocalípticos que nunca perdían oportunidad de anunciar el cese definitivo de los procesos culturales de la humanidad. Cual predicadores fervorosos, decretaban el fin del libro, del autor, de la historia...De todos esos anuncios necrológicos, el del fin de las ideologías desató páginas y polémicas que alimentaron la hoguera de la controversia intelectual. A mi mente vienen unos artículos sobre el tema, unos maravillosos de Arturo Úslar Pietri, y alguna frase espléndida de Rafael Cadenas en su libro "Anotaciones".
Se decía por aquel entonces que la humanidad ya no tenía banderas, ni guías, ni posiciones que defender ya que como había cesado la confrontación política entre EE.UU. y la URSS, pues el único dilema de la humanidad era de ahora en adelante el desarrollo de su propia libertad.
Este argumento era ilustrado, en parte, con la comparación de los estudiantes universitarios contemporáneos con los de las décadas de los sesenta y setenta, ejemplo según el cual éstos adoptaban una constante actitud de crítica y combate, a diferencia de aquéllos, los estudiantes de hoy, para quienes la única preocupación consiste en su cerrado mundo de intereses particulares. De ese argumento surgió la desdichada frase: "la generación boba", frase que intentaba identificar a la vacuidad del pensamiento estudiantil.
Toda esta retahíla de palabras viene por la noticia que hace poco días vi por televisión. El deportista olímpico Haile Gebrselassie, maratonista etíope y record mundial en su especialidad, rechazó participar en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 por los altos niveles de contaminación de la ciudad donde se desarrollará la competencia. En la decisión tomada por Gebrselassie no encontramos ninguna postura política, ninguna conciencia ambiental, ningún llamado de urgencia para revertir la situación. Las únicas palabras del maratonista que explican su decisión son las siguientes: "La polución en China es una amenaza para mi salud y me será difícil correr 42 kilómetros en mi condición". Nada más. La razón es sencilla: el famoso deportista no correrá en Pekín porque le puede dar asma. Una oportunidad de oro desaprovechada para seguir con la lucha por el ambiente.
Ha triunfado nuevamente el individualismo...
08 marzo, 2008
La primera imprenta merideña
La primera imprenta que llegó a Mérida fue traída por Francisco Uzcátegui en el año de 1845. Éste la trajo de Barinas y fundó su establecimiento en la esquina donde se interceptan la Avenida 2 Lora y el “Bulevar de los Pintores”. El pueblo merideño, al enterarse de la llegada de la imprenta, salió a la calle con banderas y flores, entre gritos y fuegos artificiales a recibir tan preciada máquina. En 1846 salió de esa imprenta el primer periódico merideño, “El Centinela de la Sierra”, y también el primer libro impreso en Mérida, “Historia completa de todos los concilios ecuménicos”, publicado el mismo año de 1846. Ambas publicaciones se encuentran disponibles hoy día en la BIblioteca Febres Cordero.
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